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Hola soy Tim

  • Tim Hurst
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Acerca de mí

Soy esposo y padre. Disfruto corriendo y he participado en varios maratones. Me he fijado la meta de correr en cincuenta maratones, uno en cada estado. Eso exige mucho entrenamiento y compromiso. También disfruto enseñando karate a los niños en mi vecindario. Gané mi cinturón negro cuando era joven y he enseñado a centenares de alumnos en los últimos 35 años. Varios de ellos obtuvieron su cinturón negro por mí. Lo que hace que esto sea algo particular, es que sólo tengo una pierna. Hace aproximadamente 30 años tuve un terrible accidente con mi motocicleta y pasé un año en el hospital. Mi situación era muy incierta al principio y mi recuperación no lucía muy prometedora. Los élderes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días me dieron muchas bendiciones del sacerdocio, de salud y consuelo. Cuando me dieron de alta en el hospital, aún andaba en silla de ruedas y no podía caminar. No era seguro que pudiera volver a sentir las piernas. Luego de varios meses de tratamiento en casa, tuve grandes progresos en mi recuperación y me colocaron una pierna artificial. Nunca he utilizado mi amputación como pretexto para no hacer alguna cosa. Sé que con fe en el Señor Jesucristo y con una actitud positiva, todos pueden lograr cualquier cosa que se propongan.

Por qué soy mormón(a)

Soy un converso a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me crié como miembro de la Iglesia Bautista del Sur. Asistía a mi iglesia todos los domingos y leía mi Biblia diariamente. A menudo, tenía preguntas relacionadas con asuntos espirituales, para los que nunca parecía haber una respuesta completa. Tenía preguntas como éstas: “¿Si un miembro de mi familia se muere, lo conoceré en el Cielo y aún seremos familia?”. “¿Qué sucede con los niños pequeños o con las personas, que no conocieron las enseñanzas de Jesús, cuando mueren? ¿Van al infierno, o hay esperanzas para ellos?”. Lo conversaba con el pastor, pero me decía que las respuestas a esas preguntas no eran para nosotros. Una noche, leyendo mi Biblia llegué a un pasaje en el libro de Santiago. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. Santiago 1:5. Entonces, decidí orar a Dios para pedir respuestas. Manifesté mi ignorancia a Dios y le pedí que me mostrara la respuesta a muchas de las preguntas que tenía. Puse mi Biblia en el estante y me comprometí a no leer más hasta que mi oración fuera contestada. Al día siguiente, mi jefe y muy buen amigo me invitó a cenar en su casa después del trabajo. Fui a su casa y me senté en el sofá, mientras él y su esposa estaban en la cocina terminando los últimos preparativos para la cena; en eso bajé la vista y vi, sobre la mesa, un ejemplar del Libro de Mormón. Nunca antes lo había visto, así que lo tomé y empecé a hojearlo. Leí que un profeta moderno de Estados Unidos, llamado José Smith, había visto al Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo con sus propios ojos y había conversado con Ellos y había recibido instrucciones de Ellos. Entre otras cosas, se le dijo dónde encontraría unas planchas hechas de oro que contenían la historia de un pueblo antiguo. Estaba sorprendido por lo que estaba leyendo. Mi amigo vino a buscarme para la cena y le pedí que me contara más sobre ese libro fascinante. En lugar de esto, me ofreció el libro, me dijo que lo llevara a casa y que lo leyera. Eso me cambió la vida.

Historias personales

¿Qué ha hecho usted para proteger a su familia de influencias indeseadas y que haya tenido éxito?

Siempre alentamos a nuestros hijos a ver sólo programas de TV y películas sanas y a escuchar música que no contenga lenguaje ofensivo ni toque temas inmorales. No permitimos en casa películas prohibidas para menores. He tratado siempre de dar el mejor ejemplo que podía para mi familia. No he consumido nunca bebidas alcohólicas ni he fumado, y he mantenido un estilo de vida saludable. Una vez, estando de vacaciones, encontré un bolso de mujer. Estaba abierto y se podían ver cientos, sino miles de dólares en su interior. Utilicé la ocasión como una oportunidad para enseñar a mi familia, por lo que junto con mi familia llevamos el bolso a la central de policía donde lo entregamos, a fin de que mis hijos pudieran tener una idea de lo que una persona honrada debe hacer. La dueña del bolso llegó unos quince minutos más tarde. Aún nos encontrábamos allí, llenando un informe, cuando ella llegó preguntando si alguien había devuelto el bolso. Ella estaba tan contenta cuando se enteró que nosotros habíamos traído el bolso con todo el dinero dentro, que comenzó a llorar. Nos contó que había estado ahorrando todo el año para poder salir con su familia de vacaciones y que entró en pánico cuando se dio cuenta de que se había olvidado el bolso. Nos agradeció una y otra vez por ser tan honrados, y esto produjo una profunda impresión en los niños. En lo que se refiere a mi esposa, nunca le he dado motivos para sentir celos. Nunca he visto material pornográfico, ni lo permitiré en casa. La trato con respeto y siempre me aseguro de que nuestros hijos también lo hagan. Nuestra casa es un lugar abierto y divertido, donde todos se sienten cómodos y relajados. Tenemos en las paredes muchos cuadros que presentan al Salvador Jesucristo y Sus enseñanzas. Amo a mi familia y la considero la parte más importante de mi vida.

La manera en que vivo mi fe

Desde que me hice miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, he procurado asistir cada semana a mis servicios dominicales de la Iglesia. Lógicamente, ha habido ocasiones en que he estado enfermo y no he podido asistir a la Iglesia; entonces, he recibido la visita de los miembros en el hospital o en casa. Mi esposa y yo leemos nuestras Escrituras y hacemos nuestras oraciones personales y en familia todos los días. Cuando nuestros hijos eran más jóvenes y aún vivían con nosotros, hacíamos el estudio de las Escrituras en forma regular con ellos. Además de los servicios de adoración dominicales, mi familia también se reúne los lunes por la noche para compartir enseñanzas y relatos espirituales. Visito a mis vecinos, al menos una vez al mes y procuro servir a los necesitados en lo que me sea posible. Los mormones somos un pueblo que edifica templos; mi esposa y yo tratamos de asistir al Templo una o dos veces al mes. Trato de seguir un estilo modesto en el vestir y me aseguro de no decir malas palabras. Me abstengo de tomar bebidas alcohólicas y no pruebo el tabaco de ninguna forma. Hago lo mejor de mi parte para dar un ejemplo a mi familia y a los vecinos de cómo ser un buen cristiano.