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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la actitud de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en cuanto a la homosexualidad y el matrimonio entre personas del mismo sexo?

Respuesta oficial

En la Biblia, Pablo enseñó a los romanos que el comportamiento homosexual era pecaminoso (véase Romanos 1:24-32). En tiempos del Antiguo Testamento Moisés incluyó en la ley que las relaciones homosexuales eran contrarias a la ley de Dios (véase Levítico 20:13)

Gordon B. Hinckley, quien fuera Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, hizo la siguiente declaración acerca de la homosexualidad: “Creemos que el matrimonio entre el hombre y la mujer fue decretado por Dios. Creemos que el matrimonio puede ser eterno mediante el ejercicio del poder del sacerdocio sempiterno en la Casa del Señor ( ”La Familia: Una Proclamación para el Mundo” escrita por Doce Apóstoles modernos bajo la inspiración del Señor).

“La gente nos pregunta acerca de nuestra posición con respecto a aquellos que se llaman “gays” y lesbianas. Mi respuesta es que los amamos como hijos e hijas de Dios; pueden tener ciertas inclinaciones que son poderosas y que pueden ser difíciles de dominar. La mayoría de la gente tiene inclinaciones de una u otra clase en diferentes épocas. Si ellos no actúan de conformidad con esas inclinaciones, entonces pueden seguir adelante como todos los demás miembros de la Iglesia. Si violan la ley de castidad y las normas morales de la Iglesia, entonces están sujetos a la disciplina de la Iglesia, tal como los demás.

“Deseamos ayudar a esas personas, fortalecerlas, auxiliarlas en sus problemas y socorrerlas en sus dificultades; pero no podemos quedarnos sin hacer nada si se entregan a actividades inmorales, si intentan sustentar, defender y vivir lo que llaman el matrimonio de personas del mismo sexo. Permitir semejante cosa sería restarle importancia tanto a la sumamente seria y sagrada base del matrimonio autorizado por Dios como al propósito mismo de éste, que es el de tener hijos” (Liahona, enero de 1999, pág. 83).

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