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Cynthia: Mormón.

Hola soy Cynthia

Acerca de mí

He estado estudiando Nutrición en la universidad por un año, me gusta mi carrera y espero algún día, por mi profesión, ayudar a muchas personas a mejorar su salud y por consecuencia su vida, pero ahora, he tomado la decisión de posponer mis estudios superiores para servir como misionera de tiempo completo; estoy segura de que a través de esto podré ayudar aún a más personas a mejorar su vida al ser partícipe de una gran obra que permite que muchos puedan conocer al Salvador y sentir su amor por medio de su evangelio el cual ha traído a mi vida un gozo inigualable que no se obtiene en otro lugar.

Por qué soy mormón(a)

Soy miembro de la Iglesia desde mi nacimiento, me bauticé a los 8 años de edad con una convicción que permanece hasta ahora de que Dios vive, que es literalmente nuestro Padre Eterno, que Jesucristo también vive y es nuestro Salvador, que murió por nosotros y tomó sobre sí los pecados y aflicciones del mundo, sé que La Iglesia de Jesucristo ha sido restaurada en estos últimos días por medio de un joven profeta llamado José Smith, quien también tradujo, por el poder de Dios, el Libro de Mormón, el cuál es otro testamento de Jesucristo, que contiene la plenitud del evangelio que fue dado por medio de los profetas antiguos del continente americano para beneficio de toda la humanidad en este tiempo, sé firmemente que al seguir los preceptos de este libro y al obedecer los mandamientos y esforzarnos cada día por progresar, arrepintiéndonos sinceramente y al servir al Señor con todo el amor por él y Nuestro Padre Celestial, y por medio del Sacrificio expiatorio de Jesucristo, llegaremos a conocerles, a sentir su amor de una manera tan real y perfecta que ve representada en un gozo incomparable, y que podremos algún día vivir con ellos en un completo estado de felicidad como familias eternas.

La manera en que vivo mi fe

He estado impartiendo clases para las mujeres adultas en los servicios dominicales en la Iglesia, gracias a lo cual he aprendido que verdaderamente "...el valor de las almas es grande a la vista de Dios" (DyC 18:10), he aprendido a amar a los demás por ser hijos de Dios y el potencial qué hay en cada uno de ellos, he aprendido humildad para ser guiada por el Espíritu Santo al preparar y dar una clase de modo que pueda llegar al corazón de los demás al enseñar la doctrina de Cristo. También he trabajado con los niños de 8-11 años como maestra y como asesora en un programa de metas que les ayuda a prepararse para ser jóvenes rectos e íntegros, con ellos he aprendido que siempre hay algo más que podemos hacer para servir a otros, que la inocencia, caridad, reverencia, obediencia y entusiasmo que ellos tienen realmente son atributos que nos acercan a Dios y hacen más fácil sentir su amor en las pequeñas cosas de la vida.