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Hermana Ruiz: testimonio, misionera, Jesucristo, cantante, Evangelio, pianista, Mormón.

Hola soy Hermana Ruiz

Acerca de mí

Soy misionera de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Durante un año y medio predicaré el Evangelio Restaurado de Jesucristo a todas las personas.

Por qué soy mormón(a)

Soy mormona, porque creo en Cristo, porque sé que Él es mi Salvador y mi Redentor, porque sé que es por medio de los convenios que hacemos con el Señor, y por medio de Sus ordenanzas sagradas, y el perseverar hasta el fin, haciendo todo lo que se me manda hacer, podré obtener la vida eterna. Amo ser mormona, y el serlo ha bendecido mi vida con guía directamente del cielo, que encuentro en las escrituras, que recibo por medio del Espíritu Santo, y que escucho de los profetas antiguos y actuales y no de las filosofías de los hombres. He encontrado la paz que solo Nuestro Padre Celestial y Jesucristo pueden dar si les seguimos. He aprendido a vivir dignamente, y también sé que si cometo un error, puedo arrepentirme y recibir el completo perdón de aquello que hice. He recibido bendiciones inimaginables, bendiciones que sólo se reciben al vivir el Evangelio de Jesucristo, como que mi familia puede ser eterna, y tener la certeza de que nuestros lazos no terminen al morir. Soy mormona porque amo a mi Padre Celestial y es mi deseo servirle y obedecerle siempre. Soy mormona, lo sé, lo vivo y me encanta.

La manera en que vivo mi fe

Antes de servir en una misión, tenía como llamamiento el ser maestra de jóvenes de 12 a 17 años de la Escuela Dominical. Les enseñaba acerca del Evangelio, acerca de quiénes eran, por qué estamos en la Tierra, a dónde vamos, qué es lo que tenemos que hacer para regresar a vivir con Dios, y sobretodo, les enseñaba acerca de Jesucristo, y de cómo es que nosotros podemos ser como Jesucristo, y ser un ejemplo a otras personas. También era pianista de barrio. Tocaba los hermosos himnos durante la Reunión Sacramental. No solo vivo el Evangelio en la Iglesia, me esfuerzo mucho por vivirlo cada día de mi vida, leyendo las escrituras, orando, tratando de obtener y practicar los atributos de Jesucristo, sirviendo y amando a los demás, y siendo un ejemplo de rectitud y bondad a los demás.