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Jennifer: Jennifer, Fernández, Sebastiá, Mormón.

Hola soy Jennifer

Acerca de mí

Tengo 19 años y estoy muy animada de servir una misión. El salir con los misioneros a compartir el evangelio con otras personas me ha ayudado muchísimo a tomar la gran decisión de servir una misión. Después de la misión quiero estudiar enfermeria, me encanta la sanidad. La familia y el evangelio son muy importantes para mí. Trato siempre de poner a Dios en primer lugar, y cuando lo hago puedo ver las bendiciones y sentir gran felicidad. Me siento tan agradecida de haber conocido el evangelio y los mandamientos de Dios, ya que son una protección para todos sus hijos y puedo sentir su amor porque comprendo el por qué Dios nos da mandamientos.

Por qué soy mormón(a)

Mis padres ya eran miembros de la iglesia cuando yo nací. Ellos se inactivaron cuando era pequeña e iba a la iglesia pocas veces por mis abuelos. Hasta que un día con 16 años de edad empecé a reflexionar si realmente esta era la iglesia verdadera. Yo estaba en una mini misión con las misioneras de una semana. En esos días empecé a orar pidiendo que me diera respuestas si estaba en el camino correcto. Era sábado y mi mini misión terminaba domingo y ese día mi compañera me vio triste y me preguntó qué me pasaba. Yo le respondí con lágrimas en los ojos que no sabía que hacía compartiendo el evangelio si no tenía ningún testimonio. Mi compañera me respondió muy segura que antes de acabar mi mini misión obtendría una respuesta. Justo ese mismo día era el cumpleaños de mi abuelo y decidí compartir una escritura sobre la fe, que era lo que me faltaba. Después mi abuelo me dio la lámina que más me llamaba la atención, y era la de Jesucristo tocando una puerta que no tiene pomo por fuera sino por dentro. Representa que Él va tocando el corazón de las personas y solo nosotros decidimos si dejarle entrar o no. En ese momento sentí el espíritu como nunca lo había sentido testificandome que realmente estaba en el camino correcto. Fue un sentimiento tan fuerte que nunca lo podré negar. El libro de Mormón contiene una promesa, y es que si leemos, meditamos y preguntamos a Dios con un corazón sincero si estas cosas con verdaderas, Él nos contestará. Puedo dar testimonio que esa promesa se cumple si nos esforzamos por hacer estas tres cosas. Cada día mi testimonio se fortalece de ver las bendiciones de Dios al perseverar y de sentir el espíritu santo constantemente testificandome de la veracidad del Evangelio de Jesucristo

Historias personales

¿De qué maneras su conocimiento del Plan de Felicidad ha bendecido o cambiado su vida?

Me ha hecho cambiar por completo del modo de ver las cosas. Cada persona que veo por la calle pienso que es un hijo de Dios porque todos los que estamos aquí en la tierra es porque decidimos seguirle antes de venir. Este plan me ha hecho valorar mucho más a mi familia porque sé que vamos a poder vivir todos juntos en la presencia de Dios si continuamos fieles a los principios y enseñanzas del Evangelio. Me ha hecho amar más a mi familia y a tener una relación de confianza. Para mí conocer este gran plan de Dios ha sido toda una bendición porque sé sin ninguna duda que es verdadero y el Evangelio bendice muchísimo a las familias por las enseñanzas que tiene. Ayuda a ser una familia más unida, amorosa y llena de confianza Es una gran felicidad saber que vamos a vivir otra vez con Dios ya estamos aquí para progresar y mediante este progreso que vayamos haciendo aquí en la tierra poder lograr el mayor don que Dios tiene para cada uno de sus hijos, que es la vida eterna.

La manera en que vivo mi fe

Como miembro de la iglesia trato de servir a los demás. Eso incluye también en mis llamamientos. Fui consejera de mujeres jóvenes y traté de dar mi ejemplo a ellas y ayudar en cada actividad que se organizaba. Por el momento soy misionera de barrio y siempre estoy dispuesta para ayudar a los misioneros en alguna lección que necesiten dar a algún investigador. Estos dos llamamientos me han fortalecido mucho ya que al prestar servicio puedo sentir el amor de Dios en todo momento. Realmente cuando sirvo a los demás , olvido mis problemas por completo y eso influye en una forma positiva para mí, porque también siento felicidad al pensar que soy un instrumento en las manos de Dios. Y esto me hace recordar a una escritura que dice "en cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". Cuando estamos al servicio de nuestros semejantes, es como si estuviéramos al servicio de Dios. Con caridad hacemos buenas obras, con buenas obras tenemos fe, y la fe todo lo puede.