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Dulce Cid: profesora, ama de casa, conversa, feliz, pruebas de la vida, teatro, Mormón.

Hola soy Dulce Cid

Acerca de mí

Amo el teatro, la docencia y los viajes. Mi especialidad es la enseñanza del idioma español, también trabajo en la corrección y edición de textos. Me gusta la escritura creativa y la naturaleza. Valoro mucho las creaciones de Nuestro Padre Celestial. Soy casada y también me dedico al hogar.

Por qué soy mormón(a)

Cuando era niña siempre tuve muchas preguntas acerca de Dios, muchas de las cuales no fueron contestadas. Tuve la fortuna de conocer a una compañera en la escuela secundaria que me invitó a asistir a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y acepté por simple curiosidad. Me conmovió mucho saber que Jesucristo visitó el continente americano. A partir de entonces han transcurrido 30 años y la mayoría de mis sueños se han cumplido gracias a la decisión que tomé de recibir un bautismo como el de Jesucristo; Su Evangelio me ha permitido atravesar las pruebas y desafíos comunes de la vida, a aprender a ser feliz y tener un entendimiento más claro y profundo acerca de mi Padre Celestial.

Historias personales

¿Cómo le ha ayudado el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo ha sido mi guía y compañero constante a partir de mi bautismo. Al reconocer los tiernos sentimientos que provienen de Su influencia he podido tomar decisiones grandes y pequeñas, tales como ir por tal o cual camino, elegir una carrera, saber con quién casarme, etc. Sé que es un miembro de la Trinidad y que es un gran Mensajero de Nuestro Padre Celestial y Jesucristo.

La manera en que vivo mi fe

Ser mormona es maravilloso porque tenemos la oportunidad de aprender muchas cosas y conocer nuevas personas con las que compartimos nuestra fe. A lo largo de mis 30 años como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días he tenido la oportunidad de enseñar clases de la Biblia y del Libro de Mormón a niños, jóvenes y adultos. Los viajes y los cambios de casa me han ayudado a comprender con mayor profundidad que todos somos hijos de un Padre Celestial que nos ama y que en todo momento nos escucha. Sabe los deseos de nuestro corazón y está listo para ayudarnos siempre. Jesucristo es el Salvador de toda la humanidad y cuando nos acercamos a Él nos envuelve en Sus amorosos brazos.