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José: estudiante, administrador, padre, esposo, libros, Mormón.

Hola soy José

Acerca de mí

Me agrada la vida sencilla, disfruto de la naturaleza, de la sonrisa de mis hijas y los abrazos cariñosos de mi esposa. Veo la vida con optimismo a pesar de lo dura que a veces es. Estudio administración, me encantan los buenos libros, de esos que hay que leer más de una vez, los que enseñan valiosas lecciones y transportan la mente a distintos mundos de conocimiento.

Por qué soy mormón(a)

Uno de los primeros libros que leí en mi niñez fue el Libro de Mormón, cuando uno es niño es muy fácil sentir cuando Dios habla y es difícil que los sentimientos nos engañen. Fui fiel a ese sentimiento desde entonces y lo he sido hasta ahora. No siempre ha sido fácil, la vida me ha puesto batallas muy duras como el divorcio de mis padres cuando yo tenía doce años y la dura separación de mis amadas hermanas. En medio de mi decepción y sentimiento impotente de soledad, fue mi fe en Jesucristo y la certeza de que conocía una gran verdad la que me ayudó a librar mis batallas con éxito y triunfar alegremente. ¿Por qué soy mormón? - Ojalá pudiera verte a los ojos y transmitirte con mi mirada la fuerza de mi convicción, soy mormón porque sé que el libro de mormón es verdadero, soy mormón porque sé que José Smith fue un profeta y que hoy mismo hay profeta de Dios en la tierra. Soy mormón porque Dios me quiere aquí y ha sido mientras le sirvo que me reveló el misterio más hermoso: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, está vivo! y gracias a su resurrección, nosotros tenemos la firme esperanza de un mundo ordenado, limpio y lleno de felicidad. Un mundo de luz. Aquella patria que buscan los que saben oír la voz del Buen Pastor.

La manera en que vivo mi fe

Me encanta fortalecer a los demás, animarles con palabras de aliento, una mirada cariñosa o un estrechón de manos. Una tarde fresca estaba sentado frente a la iglesia, cerca del verde jardín, entonces entró un hombre a pedirme algo para comer. Sentí caridad por él y le pregunté sobre su vida; entonces sonrió y mientras me contaba su historia, sus ojos brillaban de alegría porque alguien lo escuchaba. Al terminar echó un vistazo al rededor, como tomando conciencia del lugar en el que estaba, su mirada decía que extrañaba algo de aquello y me dijo: Antes vivía la fe, pero ahora como estoy no lo hago. Entonces lo miré a los ojos con amor y le dije "No importa cual sea su situación, siempre viva su fe". Le presté mi ayuda, me agradeció y se fue reflexionando. Esa experiencia me ayudó a recordar que el llamado al cristianismo está por todas partes y sentí gratitud por que conozco un gran misterio que quiero que todos experimenten.