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Elsa: Mormón.

Hola soy Elsa

Acerca de mí

La vida me ha otorgado el más maravilloso de todos los regalos: mi esposo y mis tres hijos son lo más valioso para mí. Compaginar la vida familiar con todos los compromisos laborales no es fácil, pero se puede conseguir si ponemos en primer lugar lo que es más importante: la familia. A veces tenemos que sacrificar una jornada laboral completa, una mejor posición o mayor sueldo, pero al final te das cuenta que lo que realmente llena se encuentra dentro del hogar. Poner a mi familia en primer lugar implicó no poder acabar de estudiar la segunda carrera universitaria que empecé cuando era joven, pero a cambio he recibido una plenitud que nunca antes habría imaginado. Soy muy aficionada al deporte, aunque actualmente me tengo que conformar únicamente en coger la bicicleta para ir y volver del trabajo; también me encanta servir en la comunidad, y gracias al voluntariado que hago a través de la escuela de mis hijos he podido llevar a cabo proyectos comunitarios que me han brindado profunda satisfacción. Lo que más me gusta hacer es enseñar, y cuando dispongo de cualquier oportunidad para poder hacerlo, no lo dudo ni un instante. La enseñanza que más me ha brindado felicidad es la que puedo impartir a mis hijos junto a mi esposo: enseñar cómo ser felices aplicando las enseñanzas de Jesucristo en nuestras vidas.

Por qué soy mormón(a)

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 4 años, y crecí con mi madre, quien me crió en la religión católica, así que desde siempre he creído en Dios y Jesucristo. Cuando cumplí 15 años mis hermanos mayores, que vivían con mi padre, me explicaron que habían conocido la Iglesia verdadera y me regalaron El Libro de Mormón; no les hice mucho caso hasta un año después, cuando decidí coger el libro y lo empecé a leer: inmediatamente sentí que alguien real había escrito esas palabras, que habían habido profetas en las Américas, que Jesucristo había visitado a esas personas y que su testimonio estaba escrito para nuestros días. Cada vez que abría El Libro de Mormón sentía algo especial, así que me puse en contacto con los misioneros que vivían en mi zona, me enseñaron las charlas y quise bautizarme de inmediato; mi madre mostró mucha oposición ya que era algo desconocido para ella, y motivada por su preocupación me llevó a visitar psicólogos especializados en sectas, quienes me dieron muchísima información sobre la Iglesia (en contra, por supuesto). Me leí cada palabra de cada folleto que recibía, pero no podía negar lo que sentía en mi interior: que personas reales habían escrito sobre Jesucristo, le habían visto, y yo podía aprender mucho sobre esos testimonios. Finalmente mi madre dejó que me bautizara a los 16 años (y ella se bautizó mientras yo estaba en la misión), y desde entonces mi vida no ha hecho más que mejorar cada día más: encuentro un sentido y propósito a todas las cosas, sé que Dios tiene un plan para mí y cada persona, todos somos especiales, hijos e hijas amados por un Padre perfecto, cada prueba y dificultad nos hace más fuertes y nos prepara para volver a vivir con Dios algún día, cada acto de acuerdo con las enseñanzas del Salvador nos llena de una paz y un gozo indescriptibles y a veces impensables en medio de un mundo tan hostil y turbulento... pero es posible lograr la felicidad absoluta a través de Jesucristo, si hacemos lo que Él enseñó.

La manera en que vivo mi fe

Cuando cumplí 21 años serví en una misión en el área de Madrid: durante 18 meses me dediqué a compartir con las personas todo aquello que creo y me hace feliz; pude conocer gente maravillosa y sin lugar a dudas recibí mucho más de lo que llegué a dar. En el diario vivir después de la misión y una vez me casé en el templo (por toda la eternidad), las tareas sencillas y cotidianas que realizamos están centradas en nuestra fe en Jesucristo: leer las Escrituras cada día en individualmente y en familia, hacer actividades edificantes cada semana y reunirnos dos veces al día todos para orar juntos nos fortalece y une como ninguna otra cosa. Fuera del ámbito de la familia y dentro de la Iglesia, me dedico a enseñar clases a jóvenes sobre el matrimonio, y a las mujeres sobre mejoramiento de las familias. También explico cómo se hace la historia familiar y animamos a cada persona a que busque sus antepasados con todos los recursos on-line de los que dispone actualmente la Iglesia. Cada mes visito junto a una compañera a cuatro familias que no asisten a la Iglesia por diversas cisrcunstancias, para estar al tanto de sus necesidades y poder ayudarles en aquello que precisen. Hay un montón de posibilidades de ayudar y bendecir a los demás a través de los recursos de la comunidad donde vivo; a través de lo que más me gusta hacer (la enseñanza), aprovecho oportunidades de enseñar a personas inmigrantes nuestro idioma para que puedan encontrar un trabajo e integrarse en nuestra sociedad lo más rápidamente posible. Igualmente en el colegio organizamos fiestas y encuentros para que aquellas personas que acaban de llegar de países extranjeros puedan sentirse acogidas y comprendidas; también llevamos a cabo recogida de ropa y alimentos para los más desfavorecidos, y siempre que se necesitan manos para llevar a cabo cualquier proyecto solidario, allí vamos como familia... simplemente porque nos encanta y así podemos sentirnos unidos a los que más lo necesitan.