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David: David, misión, Chile, Riverton, Utah, Mormón.

Hola soy David

Acerca de mí

Empecé a tocar la guitarra cuando tenía 15 años, y casi de inmediato me enamoré con la música. La música me ha fascinado desde que era joven. Siempre estaba moviendo mis dedos, o pies al compás y ritmo. También yo empezaba a cantar de la nada. Desde entonces, he expandido mi habilidad musical al aprender más la guitarra, y también al agregar ukulele, y trompeta. En el futuro tengo planes de aprender los siguientes instrumentos: piano, trombón, mandolina, banjo, y la batería, y muchos más. A mi me encantan los deportes. Desde que era joven, he jugado cada deporte. Tu eliges. Nunca llegué a ser "un profesional", pero me dio un amor por la naturaleza. Vivo en Utah, así que es muy fácil ir a las montañas, y todo lo que pueda encontrar en el valle. Debido a mi amor por los ejercicios y la maravilla que es la manera en que funciona el cuerpo humano, tengo planificado ir a la Universidad de la Valle de Utah para estudiar ciencias de ejercicios, y luego Kinesiología. Aunque me fascinan todas estas cosas, por los próximos dos años, he decidido dejar todo atrás y servir una misión. Actualmente presto servicio en Santiago, Chile.

Por qué soy mormón(a)

Nací en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Dias, y cuando cumplí 8 años, tome la decisión de ser bautizado. Desafortunadamente, al crecer, y al ver a muchas personas tomar decisiones equivocadas, esas cosas me empezaron a llamar la atención. Empece a querer hacer aquellas cosas, y después de un tiempo empece a escoger las cosas que sabía no podían hacerme realmente feliz. Esa felicidad fue pasajera, y lo sabía. Durante algunos años, vivía infeliz, haciendo cosas que solamente me dieron placer. Nunca estuve realmente feliz. Veía a mis amigos que eran miembros más felices que habían sido posteriormente debido a sus decisiones de leer las escrituras y orar diariamente. Las cosas que yo había olvidado por mis intereses en musica, deportes, y estar con amigos. Seguía asistiendo a la iglesia cada semana, pero había un vacío en mi corazón. Sabía que la iglesia era la verdadera, y sabía que debía estar obediciendo sus enseñanzas, pero caía demasiado facilmente a las tentaciones del mundo. En todo ese tiempo, sabía que algo tuvo que cambiar en cuanto a mis decisiones, pero me decía a mi mismo que cambiaría la próxima semana. Finalmente, decidí que no pude seguir viviendo como había vivido,, y que tenía que hacer un cambio. Desde aquel cambio, he sentido el amor y el poder de la expiación de Jesucristo en mi vida. Sé ahora por mi mismo, que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es verdadera. Yo he experimentado el amor de Dios, y las bendiciones que me está derramando continuamente al vivir sus principios. He recibido mi propio testimonio de la verdad del evangelio restaurado y su efecto en mi vida. He decidido dejar los deportes, musica, matrimonio, escuela, familia, y todo lo demás atrás para servir una misión de tiempo completo de dos años.

La manera en que vivo mi fe

Mis padres me criaron con el costumbre de asistir a la iglesia cada Domingo. Cuando cumplí 12 años, yo pude asistir a una actividad por los jovenes cada semana. Como mencioné anteriormente, he decidido servir una misión de 2 años. Para mi, esa es la muestra más grande de mi fe. Estoy probado todos los días. Poco antes de partir, una de las mayores maneras en que vivía mi fe, fue apoyar a los deseos rectos de otros. Había aprendido para mi mismo, que algunas cosas no se deben escoger porque nos traen miseria, tristeza, pena, y que nunca conducen al gozo real. Conozco la tristeza que algunas decisiones han traído a mi vida, y desde entonces, he intentado a ayudar a otros a evitar ese mismo sentimiento. Otra manera que vivo mi fe es al buscar maneras de mejorarme a mi mismo, y también a los que me rodean. Sé que no soy perfecto, y que no llegaré a ser perfecto en esta vida, pero ser constante e inmutable cada día me ha ayudado a querer vivir mi fe más, y me ha dado un entendimiento mayor de como se siente mi Salvador.