mormon.org Global
Xanat: converso, feliz, jóven, Mormón.

Hola soy Xanat

Acerca de mí

Estudié la carrera de Pedagogía, me gusta trabajar con niños y adolescentes y ayudarles. Disfruto leer, la naturaleza, escuchar música, bailar, el arte, hacer manualidades, cocinar, dormir, jugar voly, participar en coros y ver series policiacas, entre otras cosas. Algunas cosas que llegué a hacer por algún tiempo y me gustaron fueron tomar clases de gimnasia artística, de teclado, de hawaiano y tahitiano, de italiano, me gustaría retomar algunas de ellas en otro momento. Amo mucho a mi familia y me gusta pasar tiempo con mis hermanos, soy la mayor de cuatro. Nos gusta ver películas, jugar juegos de mesa, escuchar música y platicar, tenemos buena relación. Tengo un cactus al que amo mucho, se llama Xoxoctic Eleganza, y me encanta ver como va creciendo. Me considero una joven amable, servicial, responsable, ordenada, creativa, un poco tímida, me gusta escuchar y soy mejor para expresarme por escrito o a través del arte que verbalmente, y sobre todo soy muy feliz.

Por qué soy mormón(a)

Conocí la Iglesia casi desde que nací por medio de la familia de mi mamá, aunque ninguno de mis padres eran miembros. Una prima me invitaba a las actividades y a mí me gustaba ir, sin embargo cuando tenía 15 años mi mamá falleció y me alejé de Dios, me encontraba muy trizte. Después de unos años fui a terapia, me sirvió para superar la muerte de mamá pero por alguna razón seguía sintiendo un vacío, apesar de que me sentía feliz con mi familia y mi carrera. Hace cuatro años una tia me invitó al bautismo de un amigo, quería que cantara con ella y acepté ir. Durante el bautismo me sentí bien, al final un amigo me invitó a escuchar a los misioneros, dudé pero terminé aceptando. Al otro día volví a acompañar a mi tia a la Iglesia, era domingo, y en una clase nos hablaron sobre el ayuno. De regreso a casa estuve pensando en lo que había oido, no sabía si escuchar a los misioneros porque ni siquiera creía en Dios, pero deseaba saber. Llegué a casa, me arrodillé y pense 'no se si en verdad hay alguien oyendo, o si estoy hablando sola, pero si en verdad existes quiero saberlo', prometí oir a los misioneros si obtenía una respuesta. Al dia siguiente traté de hacer cosas que me ayudaran a estar más receptiva, me la pasé cantando himnos que me gustaban en mi mente. Me fui a la escuela y saliendo decidí ir al Templo, al Centro para Visitantes. Ahí pude platicar con una misionera sobre lo que me había pasado, le conté muchas cosas, fue muy amable, me enseñó cosas bellas, me habló de la promesa de poder volver a ver mi mami. Al terminar me dejó sola en una sala para concluir mi ayuno con una oración. Fue una experiencia que cambió mi vida totalmente, sentí algo que nunca había sentido y pude saber con una certeza total que Dios existe, supe que ésta era Su Iglesia, supe que debía bautizarme. Escuché el mensaje que el Señor tenía para mí, disfruté hacerlo, me bauticé y he experimentado una paz y una felicidad que jamás había conocido. Nací de nuevo. Encontré lo que me hacia falta.

Historias personales

¿Por qué los mormones van a una misión?

El conocer y aceptar el Evangelio de Jesucristo cambió tanto mi vida que sentía una enorme gratitud en mi corazón hacia Dios. Había llegado a conocer el plan que Dios tenía para mi, encontré el rumbo que tenía que tomar mi vida, se respondieron preguntas que había en mi alma, podía sentir una paz y una felicidad que nunca antes había conocido. Supe que una de las mejores maneras en que yo podía agradecer a Dios por ese gran regalo era justamente ir y compartirlo con otros de sus hijos. Uno decide ir a la misión porque sabe cuán importante y valioso es que el Evangelio de Jesucristo sea llevado a todo el mundo, que todos los hijos de Dios tengan la oportunidad de conocerlo. Es una oportunidad de compartir lo que nos ha hecho felices de forma personal y a nuestras familias. Además de ello fue un mandamiento que Jesús dio a sus discípulos y que nos sigue mandando hacer.

La manera en que vivo mi fe

En la Iglesia trabajo con las jovencitas que tienen de 12 a 17 años, los domingos les doy clases y los viernes organizo actividades para ellas. Me gusta enseñarles a hacer manualidades y a cocinar, pero también jugamos y ellas mismas nos enseñan cosas que saben hacer. En este momento están aprendiendo un bailable y tendremos un torneo de voly y de basquet, y una de ellas participará en un concurso de oratoria. He aprendido muchas cosas con ellas y me gusta poder ayudarlas y visitarlas. Se que no podrían estar en un lugar mejor, pues les ayudamos a descubrir sus cualidades y a adquirir herramientas que las ayudarán el resto de sus vidas. Con los jóvenes de mi edad tomo algunas clases que me encantan y disfruto muchísimo. Me gusta convivir con ellos porque las actividades son sanas y edificantes. Hace poco tuvimos un rally en el que nos divertimos muchísimo, nos mojamos, bailamos, corrimos, actuamos y aprendimos mucho. En estas vacaciones veremos películas, tendremos una actividad de servicio, haremos deportes, nos darán una clase de baile, y muchas cosas más, se que me la pasaré muy bien. Me gusta visitar a las hermanas o llamarlas, aunque mi intención es ayudarlas o darles palabras de aliento, la mayoría de las veces soy yo quien termina siendo fortalecida o quien aprende algo. En ellas he encontrado ejemplos que deseo seguir, sobre todo cuando sea esposa y madre. Me han enseñado además cosas de cocina, a llevar un presupuesto, ser autosuficiente, prestar servicio, comer sanamente y cuidar mi cuerpo. Todas las actividades en las que he participado me han ayudado a valorar y amar más a mi familia, a conocerme y amarme más, a descubrir porqué estoy en esta tierra, a saber que hay todo un plan e infinidad de promesas y bendiciones para mí, me han acercado más a mi Padre Celestial y a mi Salvador, he podido sentir su amor y guía. Se que ésta es su Iglesia y todo esta perfectamente organizado y planeado para ayudarme a ser feliz y a volver a Su presencia.