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Hola soy Anne!

  • Anne Rowe
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Acerca de mí

Estoy felizmente casada y tengo cinco hijos y 2 nietos. Trabajo tiempo completo en una escuela con niños que tienen necesidades especiales y me encanta. Los niños tienen mucho que enseñarnos. Algunos de mis pasatiempos son: salir con mi esposo, leer literatura clásica y cantar. Canto en un coro local de 150 voces. Quiero a mi familia y mi fiesta favorita es el Día de Acción de Gracias.

Por qué soy mormón(a)

Soy mormón porque todo lo que he aprendido sobre la doctrina mormona me parece verdadero. Por lo general, las personas sabemos cuando algo es cierto y así es en este caso. Soy mormón porque he leído y estudiado el Libro de Mormón. He orado para saber si es verdadero. Dios ha escuchado mis oraciones y me ha hecho sentir en el corazón y en la mente que el Evangelio es la verdad de este mundo.

Historias personales

¿Puede contarnos acerca de su bautismo?

Si usted es como yo, seguro que en su infancia jugaba a que era una princesa. A lo mejor se disfrazaba, se ponía una corona, llevaba un bastón en la mano y caminaba con aires de realeza. ¡Era divertido! Uno recuerda lo que sentía. Me bauticé cuando tenía ocho años. Todavía recuerdo muy bien la experiencia, porque recuerdo cómo me sentí. Estaba vestida de blanco y sentada en un banco junto a mi papá en la capilla a la que asistíamos. Mi papá también estaba de blanco, porque él fue quien me sumergió en el agua para bautizarme. Mis pecados estaban a punto de ser lavados y (en mi mente de niña de ocho años) tenía la certeza de que Dios mismo me miraba desde el cielo ese día. Estaba segura de que Él me veía y estaba complacido conmigo. Ese pensamiento me hizo sentir bien. ¿Tal vez se pregunte qué pecados puede tener un niño de ocho años?. Siempre se me enseñó que yo era responsable de mis pensamientos y acciones. Se me enseñó que los actos hirientes o desconsiderados son pequeños pasos que nos llevan hacia la senda equivocada. Creo que el bautismo es el primer paso del camino de regreso a vivir con Dios después de esta vida. Se me enseñó a dar siempre lo mejor de mí, a siempre permanecer firme en mis sentimientos y a ser lo mejor posible. Todos cometemos errores. Hallamos el camino hacia la felicidad y hacia una mejor versión de uno mismo al reconocer esos errores enseguida y al tratar de reparar el daño, al confesar el acto ante alguien o por medio de la oración, y luego seguir intentando. Mi bautismo no me hizo sentir como una princesa real y altiva, sino que fue algo edificante y extraordinario. Sabía que estaba en la senda correcta y ésa es una sensación muy linda.

¿Qué ha contribuido a generar mayor armonía en su hogar?

Me he dado cuenta de que no es fácil tener contentas a todas las personas al mismo tiempo. Un hogar feliz empieza por mí y por mi estado de ánimo. No podemos esperar que los niños se lleven bien si siempre andamos de mal humor. Así que, si siento que tengo una mala actitud, aun cuando no sea mi intención, trato de cambiarla sonriendo, cantando, jugando con los niños o le pido a alguien que me cuente un chiste. ¡Sí funciona! A todos nos gusta que nos cuenten un buen chiste inocente ¿no? Otra clave para un hogar feliz es pensar en todo lo que uno tiene y lo que lo hace feliz. Solo hay que hacer una lista. ¡Soy feliz por tener un hogar! Puede ser así de simple. Ser feliz y tener un hogar tranquilo es una actitud que se escoge. Es posible y vale muchísimo la pena.

La manera en que vivo mi fe

Ser mormona significa vivir mi religión a diario, en todo lo que hago. Mi espiritualidad no es una cosa aparte en mi persona. Mi fe constituye una parte integral de lo que soy y lo que quiero ser. He hecho promesas de ser la mejor persona que pueda ser. Quiere decir que busco la manera de ayudar a los demás y de ser su amiga. Trato de ser lo más honrada posible. Hago mi mejor esfuerzo por seguir el ejemplo de Jesús y amar a los demás. Dedico tiempo cada mes para ir a los hogares de otras personas que asisten a las reuniones de mi Iglesia los domingos. Hablamos acerca de Jesús y de cosas de la vida cotidiana como la crianza de los hijos, el trabajo y salir a caminar con el perro. Vivo mi religión al leer el Libro de Mormón todos los días y al orar a lo largo del día. Vivo mi religión al recordar las promesas que le hice a Dios cuando me bauticé y al cumplir esas promesas.