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El servicio a los demás

Todos podemos prestar servicio

Jesucristo dijo: “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Esto no significa que tengamos que morir para demostrar nuestro amor por nuestros amigos. Ponemos u ofrendamos nuestra vida cada vez que anteponemos las necesidades de otra persona a las nuestras. (Y los “amigos” que se mencionan en la Escritura anterior, pueden entenderse como toda persona que conocemos, debido a que Jesús también nos mandó que “os améis los unos a los otros”).

Ofrendamos nuestra vida por medio del servicio. Los miembros de la Iglesia tienen muchas oportunidades para prestar servicio. Podemos hacer pequeños actos de bondad por nuestros vecinos, tomar parte en el servicio a la comunidad, cumplir con responsabilidades en nuestras congregaciones locales y contribuir a los esfuerzos de ayuda humanitaria de la Iglesia a gran escala. Estas acciones, sean grandes o pequeñas, nos permiten sentir la felicidad de conectarnos con nuestros hermanos y nos recuerdan que Dios frecuentemente concede que seamos la respuesta a la oración de otra persona.

El propósito del servicio

Un matrimonio vecino acudió en ayuda de una madre soltera que se mudaba al pequeño apartamento de al lado. Se pasaron todo el sábado cargando cajas, limpiando pisos y atendiendo a los dos pequeños hijos de la señora. Al concluir la labor, la madre invitó a sus nuevos vecinos a cenar con ella la semana siguiente en señal de gratitud. Al principio ellos no aceptaron la invitación, ya que era evidente que ella no tenía muchos recursos, pero ella insistió con los ojos llenos de lágrimas. El matrimonio entendió que aceptar su hospitalidad fomentaría la amistad y el respeto, que su bien intencionada cortesía.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que debido a que todo lo que tenemos proviene de Dios, debemos estar dispuestos a compartirlo todo, desde nuestras posesiones y dinero hasta nuestro tiempo y talentos, a fin de ayudar a los que estén necesitados (es importante que recordemos, que todos nosotros de una forma u otra necesitamos). Cuando servimos a los demás, se nos recuerda que nada en esta vida es tan duradero como los vínculos que establecemos con otras personas; y no hay mejor manera de conectarnos con los demás que trabajando juntos por nuestro bien común. Spencer W. Kimball, un profeta ya fallecido, explicó: “Dios se ocupa de nosotros y vela por nuestro bienestar; Aunque, por lo general, es por medio de otro ser mortal que atiende nuestras necesidades” (“Cómo hallar gozo en la vida”, Liahona, julio de 1996, pág. 28). Dios tiene el poder para hacer Su obra por Sí mismo, pero Él nos permite ayudar por lo bien que nos sentimos cuando servimos.

Cómo podemos servir

Piensen en alguien que parece ser completamente autosuficiente, alguien que tiene un buen empleo, una casa hermosa y que en general está feliz. ¿Podemos acaso ofrecer algún servicio a esta persona? ¿Debemos hacerlo, siendo que ellos no parecen necesitar nada? El evangelio de Jesucristo nos enseña que todos se benefician al servir y al recibir servicio de los demás. El servicio no sólo es para atender una necesidad, sino también para demostrar amor por nuestros hermanos.

Una persona tendría dificultad para considerarse cristiana si no siente una obligación y un deseo profundos de servir a sus semejantes. Mientras Jesucristo anduvo por la tierra nos enseñó: “que os améis unos a otros”. Él también dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:35). La manera de demostrar nuestro amor por Dios es sirviéndonos unos a otros. Afortunadamente, las diversas formas en que podemos llevar los unos las cargas de los otros, son casi ilimitadas. Piensen en toda la ayuda económica, emocional, física y espiritual que podemos ofrecer a los demás. Piense en sus propios talentos. Tal vez usted sea bueno con los números, muy creativo o no se enoje fácilmente, etc. Piense lo mucho que significan sus talentos cuando los comparte con alguien que necesita su especialidad en particular. Hasta las cosas pequeñas que hacemos, como ayudar a alguien en su jardín o abrirle la puerta a otra persona, pueden hacer que la vida resulte más fácil para los demás—y nos pueden hacer un poco más felices a nosotros. Una persona no necesita ir lejos para hallar oportunidades de donar su tiempo y energía. La belleza de seguir el ejemplo de Cristo es que no hace falta evaluar a quién, cuándo o cómo servimos, sólo tenemos que actuar. Lo podemos hacer de manera planificada o espontánea, por alguien conocido o por un extraño. El servicio cristiano rechaza el reconocimiento, no acepta recompensa y es motivado por el amor.

Oportunidades de servicio

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días opera numerosos centros de almacenamiento para el hogar, plantas de envasado y procesamiento de alimentos que brindan una variedad de oportunidades de servicio y trabajo voluntario.

  • United Way es una red internacional que promueve el bien común y genera oportunidades para lograr una vida mejor para todos, concentrándose en tres fundamentos claves: la educación, los ingresos económicos y la salud. LIVE UNITED [Vivir unidos] es un llamado a la acción para que todos seamos parte del cambio. Para averiguar acerca de las oportunidades de servicio y voluntarias que se proporcionas por medio de United Way en su zona, vaya a:

    http://www.liveunited.org

  • Además de la ayuda que presta cuando ocurren desastres naturales nacionales, la Cruz Roja Americana ofrece servicios compasivos en otros cinco aspectos diferentes: servicios comunitarios para la ayuda de los necesitados; apoyo y consuelo para los militares y sus familias; recoger, procesar y distribuir sangre y productos relacionados que son vitales; programas que promueven la salud y la seguridad; y programas de desarrollo y ayuda internacional. Para ver las oportunidades para voluntarios que hay en su zona de la Cruz Roja, vaya a:

    http://www.cruzrojaamericana.org/

  • ¿Busca formas de aportar a su comunidad? All for Good [Todos para el bien] hace que sea simple el hallar y compartir actividades de servicio con amigos y familiares de manera voluntaria. Inspirados por el llamado del presidente de los Estados Unidos a que más ciudadanos de ese país participen en servicio, un grupo de personas del sector público, de la tecnología y de la mercadotecnia se juntaron para hacer una solicitud abierta que permita encontrar y compartir actividades para voluntarios. Para encontrar oportunidades de servicio y como voluntario en su zona, vaya a:

    http://www.allforgood.org

Jesucristo dejó un ejemplo perfecto de servicio

Luego de Su última cena aquí en la tierra, Jesucristo se sentó con Sus discípulos, sabiendo que pronto se le quitaría Su vida mortal. Él sabía que iba a sufrir por los pecados del mundo. Conocía que uno de Sus apóstoles lo traicionaría entregándolo a la turba que lo crucificaría. Aunque debe haber sentido el peso de todos estos abrumadores pensamientos, Jesucristo humildemente se arrodilló y lavó los pies de Sus discípulos antes de dejarlos. El Hijo de Dios, que había vivido una vida perfecta y tenía el poder de sanar a los enfermos, levantar a los muertos, transformar el agua en vino, efectuó este humilde y pequeño acto de servicio. No ha existido nadie más poderoso ni más digno de devoción, sin embargo, Él se arrodilló y limpió los pies de Sus discípulos. El Salvador brindó el mejor ejemplo de servicio. Cada minuto de Su ministerio terrenal lo pasó sirviendo a Su prójimo.

Alimentó a los hambrientos. Sanó a los enfermos. Bendijo a los necesitados. Les sirvió al enseñarles. Siendo apenas un muchacho de doce años, Él estaba “en los asuntos de [Su] Padre” (Lucas 2:49). Puede ser abrumador intentar vivir conforme al ejemplo perfecto de servicio de Jesucristo, pero podemos recordar que aun nuestros pequeños actos muestran nuestra resolución de ser como Él. Cuando visitamos a los enfermos o a quienes están solos, estamos siendo como Jesús. Cuando ayudamos a nuestro vecino a reparar su techo, cuando proveemos de comida a alguien que la necesita, cuando donamos para ayudar en una catástrofe, cuando perdonamos a quienes nos ofenden, estamos sirviendo como Él serviría. El servir como Jesucristo tiene un efecto purificador en nosotros. Nos ayuda a entender la idea de que nuestro tiempo, talentos y posesiones no son sólo nuestros.

El servicio en la Iglesia

Toda la obra que se realiza en las congregaciones locales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es de manera voluntaria. Los obispos y otros líderes tienen diferentes profesiones y no reciben remuneraciones por su servicio en la Iglesia. Igualmente se brinda a cada miembro de la Iglesia la oportunidad de servir en su congregación. Los mormones (miembros de la Iglesia) colaboran al organizar actividades para grupos de hombres y mujeres jóvenes, al enseñar lecciones en la Escuela Dominical a niños y adultos, al dirigir la música en la Iglesia, limpiar la capilla, servir en la biblioteca y de muchas otras formas. Algunos son llamados a servir fuera de las congregaciones locales, en los templos, otros ayudan a las personas a conseguir empleo, otros van a misiones de servicio, etc. Los miembros son “llamados” a estas asignaciones de servicio por sus líderes locales, pero ellos deciden si desean o no aceptar o si están dispuestos a aceptarlas. No se presta servicio en la Iglesia para recibir reconocimiento o meramente por un sentido del deber; más bien es debido a que los miembros desean enriquecer la vida de los demás y devolver algo del tiempo y talentos con los que Dios los ha bendecido.

Las labores humanitarias de la Iglesia

Además de sus actos de servicio pequeños y personales, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días brindan asistencia organizada a gran escala a zonas que precisan ayuda. Desde que se empezó a llevar un registro en 1985, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha donado más de 1.000 millones de dólares en efectivo y en materiales a 167 países que han necesitado ayuda humanitaria. Envió un avión con carpas (tiendas de campaña), lonas, pañales y otros suministros a las zonas de Chile afectadas por el terremoto de febrero de 2010, y en enero de 2010 envió a Haití dos aviones con más de 36,000 kg de alimentos y artículos para emergencias. La organización de la Iglesia a nivel local, nacional e internacional permite coordinar rápidamente el trabajo de auxilio para que los alimentos, los suministros y los trabajadores puedan llegar en el momento en que más se los necesita.

Conozca más acerca de las labores de ayuda humanitaria