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Restauración de
la Iglesia de Jesucristo

Cristo organizó Su Iglesia sobre la tierra

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6) Cristo dijo a sus discípulos durante su breve pero poderoso ministerio sobre la tierra. Ése fue un mensaje oportuno y necesario ya que cientos de años antes de Su nacimiento mucha gente había dejado de vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios. Cristo trajo nuevamente la luz al mundo al proclamar Su Evangelio como se lo había proclamado a los profetas de la antigüedad como Abraham, Isaac y Moisés. Él escogió a doce hombres para que fueran Sus apóstoles, incluso a Pedro, Santiago y Juan, y puso Sus manos sobre la cabeza de ellos a fin de conferirles la autoridad llamada sacerdocio a fin de que la utilizasen para efectuar bautismos, gobernar Su Iglesia y difundir Su palabra alrededor del mundo.

A pesar de la gran influencia que Él tuvo y los muchos milagros que efectuó, finalmente fue rechazado y crucificado. Después de Su muerte, los valientes y fieles apóstoles continuaron la obra sin Él, bautizando a nuevos miembros y dando inicio a varias congregaciones.

La Gran Apostasía

A pesar de los valientes esfuerzos de los apóstoles de Cristo y de los fieles discípulos, la iglesia original que Cristo restauró comenzó a desaparecer. Los miembros sufrieron una severa persecución y todos los apóstoles, salvo uno, fueron martirizados. A ese período se le conoce como la Gran Apostasía (2 Tesalonicenses 2:1-3), en el que hubo un alejamiento del Evangelio que Cristo organizó. La autoridad apostólica de conferir las llaves del sacerdocio y recibir revelación para la Iglesia se perdió junto con muchas otras enseñanzas de valor. Se comenzaron a introducir errores en la Iglesia respecto a Sus enseñanzas, lo cual resultó en que hubiese diferencia de opiniones y se perdieran las verdades. A ese período lo conocemos como la Gran Apostasía.

Sin la dirección divina o de la autoridad, el cristianismo ha luchado por sobrevivir con opiniones conflictivas que se han encontrado hasta en las enseñanzas más básicas del Evangelio. Sin la autoridad del sacerdocio o el Evangelio completo, la gente tenía que confiar en la sabiduría humana para interpretar las Escrituras, los principios y las ordenanzas. Se enseñaron muchas ideas falsas como verdad, y mucho de lo que sabemos sobre el verdadero carácter y la naturaleza de Dios el Padre, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo se había perdido. Doctrinas esenciales como la fe, el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo se distorsionaron y se perdieron por completo doctrinas importantes.

Siglos después, personas inspiradas, como Martín Lutero y Juan Calvino, reconocieron que las prácticas y doctrinas habían sido cambiadas o se habían perdido e intentaron de reformar las iglesias a las que pertenecían, pero sin la autoridad de los apóstoles del señor Jesucristo, Su Evangelio y Su Iglesia no podían devolverla a su forma original.

Dios restauró la Iglesia de Jesucristo por medio de José Smith

Si el muchacho de al lado nos dice que Dios lo llamó para restaurar Su iglesia verdadera sobre la tierra, ¿le creerían? Probablemente no. Tampoco mucha gente de Nazaret creyó que su vecino, Jesucristo el carpintero, era el Mesías.

Tras siglos de confusión espiritual, la gente tenía una apremiante necesidad de conocer las verdades originales de Jesucristo. Cuando Dios escogió como Su mensajero a un joven de 14 años en 1820, la mayoría de las personas se rehusaron a escuchar. José Smith vivía en los Estados Unidos que era el único país que gozaba de libertad de culto en aquel momento. Su familia era sumamente religiosa y constantemente buscaba la verdad.

José tenía que decidir a cuál de las muchas sectas cristianas debía unirse. Después de estudiar detenidamente, José Smith aún se sentía confundido en cuanto a qué grupo cristiano debía unirse. Posteriormente escribió: “Eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, …llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no. …En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo? (José Smith—Historia 1:8, 10).

Él buscó guía en la Biblia. Y allí leyó, “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Con una fe sencilla, eso fue justo lo que decidió hacer. En la primavera de 1820 José fue a una arboleda cercana a su casa y se arrodilló en oración. Él describió entonces su experiencia: “Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí… Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. “Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!”. (José Smith—Historia 1:16–17). En la visión que tuvo se le aparecieron Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo. El Salvador le dijo a José que no se uniera a ninguna de las Iglesias. Aunque en esa época muchas personas creían en Cristo y trataban de entender y enseñar Su Evangelio, no tenían la plenitud de la verdad ni la autoridad para bautizar y efectuar ordenanzas salvadoras. La visión marcó el comienzo de la restauración de la Iglesia de Jesucristo en la tierra, la cual Dios autorizó que se estableciera 10 años más tarde mediante José Smith, que para entonces ya tenía más experiencia y había recibido instrucción divina, permitiendo una vez más que todas las personas recibieran el gozo y las bendiciones que se reciben al vivir sus preceptos.

Aprenda más acerca de José Smith

Se restauró la autoridad para dirigir Su Iglesia

¿Qué significa realmente tener la autoridad divina? La autoridad de actuar en el nombre de Dios se conoce como sacerdocio. Algunos piensan equivocadamente que es el poder que una persona tiene para decirle a los demás lo que tienen que hacer. Lo que realmente significa es que una persona puede actuar en el nombre de Dios favor de Su Iglesia, al igual que cuando le damos a alguien un poder notarial para que actúe en nuestro nombre.

Antes de que se organizara La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, José Smith recibió la autoridad del sacerdocio de manos de Juan el Bautista, Pedro, Santiago y Juan a quienes el propio Jesucristo les dio “poder y autoridad” (Lucas 9:1). Estos hombres se aparecieron en forma de ángeles y le confirieron el sacerdocio a José Smith. El profeta actual, Thomas S. Monson, es el sucesor autorizado de José Smith. Él y el resto de apóstoles de la Iglesia pueden seguir su línea de autoridad hasta Jesucristo en una cadena ininterrumpida de ordenaciones mediante José Smith.

El Libro de Mormón

El Libro de Mormón testifica que Jesucristo en verdad vivió en la tierra y que todavía vive en la actualidad como nuestro divino Salvador. Es un segundo testigo que declara la existencia de Jesucristo y la veracidad de la Biblia. El relato de su origen es tan milagroso como los demás acontecimientos que ocurrieron en torno a la restauración de la Iglesia.

En 1823, José Smith recibió la visita de un mensajero celestial cuyo nombre era Moroni, al igual que los ángeles que se aparecían a los apóstoles en la época del Nuevo Testamento. Moroni le dijo a José que había un registro de los antiguos habitantes del continente americano enterrado en una colina cercana a su casa. Le dijo que el registro contenía la plenitud del Evangelio de Jesucristo y estaba escrito sobre unas planchas delgadas de oro. José tradujo el libro al inglés. Al libro se lo llamó el Libro de Mormón debido a "Mormón, " el profeta de la antigüedad que lo compiló.

El Libro de Mormón fue escrito y traducido con el mismo estilo que la Santa Biblia y en él se nos habla de las luchas de personas rectas de esa época que trataban de vivir los mandamientos de Dios. Al igual que sucede a veces hoy en día, esas personas sufrieron burlas y persecuciones debido a sus creencias. Una sección particularmente inspiradora del libro narra la visita de Cristo al Continente Americano poco después de Su resurrección. Él invitó a las personas a palpar las marcas de las heridas en Sus manos y pies, y en Su costado. Las bendijo y las sanó, efectuó milagros entre ellas y dio a doce hombres la misma autoridad que a Sus doce apóstoles cuyas obras fueron registradas en la Biblia. El efecto que causó Su visita fue tan profundo que por cerca de 170 años el pueblo vivió en paz y rectitud.

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Dios es su amoroso Padre Celestial

La verdad más importante de la Iglesia es que Dios es nuestro Padre Celestial y que nosotros somo Sus hijos espirituales. Dios nos conoce personalmente y nos ama más allá de nuestra comprensión. Él desea que logremos el éxito en esta vida y que regresemos a vivir con Él. El hecho de vivir en la tierra es parte del plan que Él tiene para que obtengamos un cuerpo, aprendamos, nos desarrollemos y hallemos gozo. A veces la vida es dura, solitaria o aterradora, pero nuestro Padre Celestial siempre se interesa en usted. En respuesta a sus oraciones, Él siempre está listo para brindarle consuelo, paz y guía.

Él ha preparado un sendero para que lo sigamos, el cual bendecirá nuestra vida. Ese sendero es necesario para que volvamos a Él y hará posible que recibamos la plenitud del efecto del sacrificio expiatorio de Cristo. Al hacerlo, hallaremos mayor paz y gozo tanto en esta vida como en la vida venidera.

Las familias son esenciales para el plan de Dios

Quizás nos hemos criado dentro de una familia feliz y estable con padres amorosos. Tal vez no, o quizás crecimos en circunstancias difíciles y sin el amor ni el apoyo que anhelábamos. De igual manera, como adultos deseamos tener un hogar feliz.

No siempre es fácil vivir en paz en una familia, pero en la Iglesia restaurada de Dios el matrimonio y la familia se consideran la unidad social más importante en esta vida y en la eternidad. Dios desea que hagamos todo lo que esté de nuestra parte a fin de prepararnos para vivir con nuestra familia para siempre. Si edificamos nuestro matrimonio y nuestra familia en torno a los principios de Cristo como la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón , el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y la diversión edificante, nuestro hogar puede ser un lugar de refugio, paz y gozo inmenso.

No debemos desalentarnos. No importa cuánto nos esforcemos, nuestro matrimonio y nuestro hogar no serán perfectos. Eso es parte del proceso de desarrollo por el que debemos pasar. Dios desea que aprendamos a ser pacientes y amorosos cuando nuestro cónyuge, nuestros hijos pequeños o nuestros hijos adolescentes no hagan lo correcto. Nuestra labor es servirles, lo cual, a su vez, nos ayudará a llegar a ser más semejantes a Dios.

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Cómo nos habla Dios en la actualidad

También nos da guía por medio de Sus profetas quienes tienen la autoridad de hablar y actuar en Su nombre. A lo largo de la historia, profetas valientes como Noé, Abraham, Moisés, Pedro, Juan el Bautista, el apóstol Pablo y muchos otros, expresaron un testimonio ferviente de Cristo para ayudarnos a cultivar la fe en Él.

Cuando José Smith fue asesinado de forma trágica en Carthage, Illinois en 1844, el liderazgo de la Iglesia restaurada recayó sobre Brigham Young, quien para entonces era el apóstol de mayor antigüedad. Él guió a la Iglesia bajo la dirección de Cristo por los siguientes 33 años y llevó al primer grupo de pioneros a través de las llanuras al Valle de Lago Salado en 1847. Supervisó la inmigración de más de 70.000 personas provenientes de EE. UU. y Europa, y fundó más de 350 poblados en el oeste de EE. UU., Canadá y México.

La sucesión de profetas continúa hoy en día con nuestro profeta y presidente actual de la Iglesia, Thomas S. Monson. Él recibe la ayuda de dos consejeros: Henry B. Eyring y Dieter F. Uchtdorf. Juntos constituyen la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (casi igual que Pedro, Santiago y Juan en tiempos de Cristo). Del mismo modo en que Dios sacó a los israelitas de la esclavitud y los llevó a un lugar mejor mediante Su profeta Moisés, Él nos dirige en la actualidad para que tengamos vidas más felices y llenas de paz cuando decidimos obedecer a Jesucristo al seguir a Su profeta viviente. Se nos invita a todos a leer o escuchar las palabras de los profetas vivientes y a considerar cómo el conocer la voluntad de Dios podrá beneficiar nuestra vida.