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Obra misional

Una Iglesia misionera

Imagínese que usted encuentra la cura para el cáncer. ¿Con cuánta urgencia daría a conocer la noticia de su descubrimiento? ¿A quién se lo diría? El evangelio de Jesucristo es la cura para tantas enfermedades de la vida que muchos miembros de la Iglesia desean compartir con la misma urgencia las buenas nuevas de la vida eterna.

La Iglesia del Señor siempre ha sido una iglesia de misioneros. La vida de Jesucristo es el ejemplo perfecto de la obra misional. Durante Su ministerio en la tierra enseñó el Evangelio en todo momento, en todo lugar y a todo tipo de personas. Jesús enseñó a hombres eruditos en el templo, a pecadores, a personas fieles y a los incrédulos. También llamó a apóstoles y a otros discípulos a predicar a fin de que más personas escucharan acerca de las bendiciones de Su Evangelio. La mayoría de sus predicaciones durante la vida de Cristo fueron para su propio pueblo, el judío. Después de resucitar, Jesús visitó a Sus apóstoles y los envió a predicar a los gentiles. Les dio el mandamiento: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Por qué los mormones envían misioneros por todo el mundo

El que los mormones realicen la obra misional es una de las características más distintivas de la Iglesia. En este momento, decenas de miles de misioneros caminan, conducen un vehículo o andan en bicicleta por todo el mundo repartiendo ejemplares del Libro de Mormón y compartiendo el Evangelio con las personas con las que se encuentran. ¿Por qué estas personas, la mayoría de ellas menores de 25 años, se ofrecen voluntariamente, dejan su hogar, pagan sus propios gastos y dedican un período de su vida a la predicación del evangelio de Jesucristo?

El Señor dijo: “Proclamad mi evangelio de tierra en tierra, y de ciudad en ciudad… testifica en todo lugar, a todo pueblo” (Doctrina y Convenios 66:5, 7). Ese mandamiento nos lo tomamos muy a pecho y buscamos oportunidades para compartir las bendiciones que recibimos por vivir el Evangelio con todas las personas que podemos. Jesucristo enseñó: “El que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). El hecho de saber que ciertas ordenanzas como el bautismo son necesarias para que regresemos a vivir con nuestro Padre Celestial nos hace sentir la necesidad inmediata de compartir esa bendición con todas las personas que podamos. Nuestro principal interés como Iglesia es que la mayor cantidad de niños y de adultos reciba la salvación y exaltación. Al mismo tiempo en que nos empeñamos por lograr nuestra propia salvación, deseamos que todos los que nos rodean hagan lo mismo. Debido a que somos hijos e hijas de nuestro Padre Celestial, mientras más de nosotros aprendamos y guardemos Sus mandamientos y disfrutemos de la vida eterna, más felices seremos todos.

Qué hacen los misioneros

La mayoría de los misioneros de la Iglesia tienen alrededor de veinte años, aunque hay muchos miembros que se ofrecen voluntariamente para servir después de jubilarse. Todos los candidatos a misioneros envían una solicitud a las Oficinas Generales de la Iglesia y reciben un llamamiento para servir en una misión específica en algún lugar del mundo. Después permanecen unas semanas en un Centro de capacitación donde algunos de ellos aprenden otro idioma y todos estudian el Evangelio y practican su enseñanza de forma rigurosa. Después parten al lugar al que han sido asignados y comienzan su servicio. Los misioneros dedican su vida completamente a la predicación del evangelio de Jesucristo. Costean sus propios gastos e interrumpen por dos años los estudios, las relaciones con personas del sexo opuesto y su trabajo con el fin de concentrarse de lleno en la obra del Señor.

La rutina común matutina de un misionero consiste en despertarse a las 06:30 h, estudiar las Escrituras y buscar a más personas con quienes compartir el Evangelio. Por las tardes normalmente enseñan lecciones sobre el Evangelio a personas que desean escucharlos y se ofrecen de voluntarios para prestar servicio a la comunidad. Por las noches enseñan el Evangelio a personas que están interesadas y les ayudan a aprender y a guardar los mandamientos de Dios, o asisten a un servicio bautismal de alguna persona que decidió unirse a la Iglesia. Regresan al lugar donde viven alrededor de las 21:30 h y por lo general se acuestan exhaustos y contentos.

Cada miembro un misionero

No solamente nuestros misioneros de tiempo completo comparten el Evangelio. Debido a que creemos que el evangelio de Jesucristo es el camino a la verdadera felicidad, deseamos contárselo a todos los amigos y familiares que podamos. Creemos lo que Pedro enseñó en el Nuevo Testamento, que debemos

Claro que el testimonio más convincente es la buena y feliz vida de una persona que vive de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, pero también creemos que el compartir nuestras experiencias con los demás es una gran manera de invitarlos a averiguar más sobre Jesucristo.

No obstante, no siempre es fácil compartir el Evangelio. Muchos de nosotros sentimos temor de ofender a nuestras amistades, de parecer muy insistentes o de decir algo que pudiera malinterpretarse. Nos armamos de valor y hacemos nuestro mejor esfuerzo para hallar la manera de hablar sobre todo lo que el Evangelio significa para nosotros, mientras respetamos al mismo tiempo las creencias y decisiones de los demás. Nos llenamos de emoción cuando nuestras amistades comparten el gozo de vivir el Evangelio. Esto sucede al asistir a las reuniones y actividades de la Iglesia durante la semana y al reunirse con los misioneros para hablar sobre la manera en que el Evangelio puede bendecir la vida de ellas. Si quiere alegrarle el día a un "Mormón, " pregúntele si puede visitar su Iglesia. Sin embargo, seguimos sintiendo aprecio por nuestras amistades sin importar si aceptan o no las enseñanzas de la Iglesia.

Enseñamos acerca de Jesucristo

Los misioneros comparten una sola cosa: el Evangelio de nuestro Salvador, Jesucristo. Al igual que Nefi: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26 ). Tal vez parezca raro centrar tanto nuestra vida en Jesucristo, pero la sabiduría del Evangelio se aplica a todo, desde el propósito de la vida hasta la forma en que abordamos nuestro trabajo, el trato que tenemos con los demás y la manera en que cuidamos de nuestro cuerpo. Las enseñanzas de Jesucristo tienen más poder para brindar una felicidad duradera que todo el éxito y el placer que el mundo pueda ofrecer. Cada uno de los mensajes que comparten los misioneros mormones gira en torno a Él y a la forma en que Su Expiación y Sus ordenanzas nos permiten regresar a vivir con nuestro Padre Celestial y con nuestra familia en el cielo.

Misioneros por todo el mundo

84.000 misioneros prestan servicio en la actualidad en 350 misiones alrededor del mundo. Ellos hacen proselitismo en los países donde el gobierno y el ambiente político lo permitan. Muchos misioneros llegan a sentir tanto amor por el lugar en el que sirven que a muchos les cuesta volver a casa al terminar su misión, más de lo que les costó dejar su casa a la hora de partir hacia ella. Regresan a casa como embajadores bien informados de las naciones y las culturas en las que prestaron servicio.