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Paora: Mormón.

Hola soy Paora

Acerca de mí

Provengo de un poblado pequeño en la costa oriental de Nueva Zelanda. Nuestra familia no poseía muchos recursos, por lo que crecí apreciando las pequeñas cosas como el amor de la familia, el trabajo duro y el respeto, utilizar al máximo lo que se tiene y disfrutar la vida cada día. Comencé a jugar baloncesto por mis amigos, y al principio era el peor jugador de la historia. Ellos me invitaban a asistir a las actividades de los jóvenes en la iglesia durante la semana, y allí comenzó todo para mí. En nuestra pequeña capilla local, fue donde aprendí a jugar el baloncesto y donde me enamoré del baloncesto. Luego de servir una misión de dos años para mi Iglesia, me casé con mi verdadero amor, mi novia del bachillerato, en el Templo de Nueva Zelanda, y ahora tenemos tres hermosos hijos. El baloncesto constituye una gran parte de mi vida, pero no es lo que soy, es lo que hago. Mi familia es mi mayor posesión y mi mayor responsabilidad; ¡los amo más que a nada!

Por qué soy mormón(a)

Recuerdo a mi madre, siendo yo muy pequeño, enseñándome a karakia (orar) y aunque ella no era mormona, realmente creía que sí funcionaba. Ella nos hablaba a mis hermanos y a mí sobre aroha (amor) y explicaba la importancia de respetar a los demás, sobre todo a los mayores y de ayudar a los que estaban necesitados. Mi madre me enseñó a ser honrado y a mantener mi palabra. Recuerdo vívidamente a mi madre haciendo que mis hermanos y yo le prometiéramos, que siempre trataríamos a las mujeres con amor y respeto; recuerdo que sentía el Espíritu muy fuerte cada vez que mamá nos enseñaba, y recuerdo haber hecho aquella promesa. Soy mormón, gracias a las enseñanzas de mi madre. Estoy muy agradecido por la base firme que mi madre me proporcionó. Ella me enseñó acerca de mi Salvador Jesucristo por medio de su ejemplo; ella era nuestras Escrituras vivientes. Cuando los misioneros nos enseñaron a mi hermano y a mí, fue muy fácil entender, porque conocíamos las enseñanzas, conocíamos los sentimientos del Espíritu, y por medio de la oración sincera, supe que era verdadero. Soy mormón porque significa poner a mi familia en primer lugar y poner a los demás antes que a mí. Estoy lejos de ser perfecto, y a veces, cometo más errores que otra cosa, pero me encanta ser mormón, porque me ayuda a ser un mejor esposo y padre, un mejor compañero en el equipo, un mejor amigo y espero que un hombre mejor. Soy mormón debido a mi relación personal con el Salvador. Sé que Él vive y que me ama, y le estoy eternamente agradecido por Su sacrificio expiatorio. Él es mi Dios y mi Rey, el único a quien adoro. A veces, me cuesta hallar las palabras para expresar mi gratitud y amor por todo lo que Él ha hecho por mí; lo amo.

Historias personales

¿Cómo le ha ayudado el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo me ha ayudado en todas las decisiones importantes de mi vida, que van desde el haberme unido a la Iglesia, el salir a una misión, con quién debía casarme, la compra de nuestra primera casa, hasta los hijos que hemos tenido. Agradezco Su compañía y guía constantes. Conozco Sus susurros y las veces que he tenido la valentía de seguir Su inspiración, el resultado final ha sido de seguridad y felicidad.

La manera en que vivo mi fe

Vivo mi religión en todo lo que hago. Desde la oración diaria hasta el estudio personal de las Escrituras. Mi esposa, nuestros hijos y yo tratamos de comenzar cada día con lo que llamamos “ECO”, que significa: Escrituras - Canción - Oración. Tratamos de hacerlo en la sala, pero a veces lo hacemos durante el desayuno, en el auto de camino a la escuela y en ocasiones, no tenemos tiempo y lo hacemos antes de irnos a dormir. Es algo pequeño que hacemos para vivir nuestra fe. Como atleta profesional, vivo mi religión cuando juego, por la manera en que hablo, la forma en que entreno, el modo en que juego. Vivo mi fe al decidir no jugar baloncesto los domingos. Hay muchos que no entienden y culpan a mi religión y cuestionan el por qué mi Iglesia requiere tal sacrificio de mí. Les respondo que es una decisión personal, una promesa que hice a Dios luego de servir una misión. Es la manera que tengo de dar gracias a Dios y demostrar mi amor por todo lo que Él ha hecho por mí. Ése es otro pequeño gesto de cómo vivo mi religión.