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José Smith

José Smith: Un profeta de Dios

La parte occidental del estado de Nueva York era conocida, a principios del siglo XIX como el “Distrito efervescente”. El fervor religioso era intenso. Muchas religiones enviaron a ministros a conseguir conversos para sus congregaciones. Tanto era así, que se suponía que no quedaba nadie por convertir. Fue una época y un lugar de confusión teológica.

Éste era el contexto en el que nació José Smith, hijo de Joseph y Lucy Mack Smith. Su numerosa familia se encontró en medio de este avivamiento religioso, deseando vivir correctamente, pero sin la seguridad sobre a cuál de las iglesias competidoras debía unirse. Los miembros de la familia de José se inclinaron por distintas religiones, pero ninguno de ellos se sintió seguro de encontrarse en la verdadera Iglesia de Cristo.

Los miembros de la Iglesia Mormona comparten sus sentimientos y testimonios acerca de José Smith, el Profeta.

Una persona en busca de la verdad

José, un joven de catorce años, ya sentía el deseo de encontrar la verdad. Al igual que el resto de su familia, era profundamente religioso y, al llegarle el momento de ser bautizado, José tenía que decidir a cuál de las muchas denominaciones cristianas debía unirse. Tras estudiar mucho, seguía sintiéndose confundido. Posteriormente escribió: “Eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, …llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no. En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo? (José Smith-Historia 1:8, 10).

José acudió a la Biblia para obtener guía. Él leyó:

Este versículo le impresionó profundamente. Decidió orar sobre lo que debía hacer, simplemente con la fe en que Dios le iba a escuchar y responder.

Un profeta de Dios

En la primavera de 1820, José acudió a una arboleda cercana a su casa y se arrodilló a orar. Describió así su experiencia: “Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí… Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” ( José Smith-Historia 1:16, 17 ).

Observe cómo Dios restauró la plenitud de Su evangelio sobre la tierra por conducto de José Smith, un profeta moderno (19:15).

Esta visión del Padre Celestial y de Jesucristo fue el comienzo del llamamiento de José Smith como profeta de Dios. Le dijeron que ninguna de las iglesias de la tierra tenía la verdad completa. Con el tiempo, José Smith fue escogido para establecer la Iglesia de Cristo y restaurar el sacerdocio, o la autoridad para actuar en nombre de Dios. Fue guiado por Dios hasta un registro antiguo y se le concedió el don de traducirlo al inglés. Este registro se llama El Libro de Mormón. José Smith continuó orando y recibiendo revelación para la Iglesia durante toda su vida. Estas revelaciones se compilaron en un libro de Escrituras llamado Doctrina y Convenios, que demuestra que Dios sigue guiando a Sus hijos en la actualidad. José Smith organizó formalmente La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el 6 de abril de 1830.

Un líder de la Iglesia de Jesucristo

En ocasiones, cuando alcanzamos un puesto de responsabilidad, tenemos la sensación de que ya no necesitamos ayuda, pero José Smith confió cada vez más en el Señor después de ser llamado como profeta. Sabía que su responsabilidad no consistía en difundir sus enseñanzas personales, sino compartir lo que Dios le revelaba. La mayor parte del texto de Doctrina y Convenios son las respuestas de Dios a las oraciones y preguntas de José Smith. José le pidió a Dios que aclarara partes del Evangelio y pidió por guía sobre cómo debía dirigir la Iglesia y el número cada vez mayor de mormones. Dios le indicó que debía llamar a apóstoles, profetas y otros líderes para supervisar la Iglesia.

Los primeros mormones se enfrentaron a una gran persecución, porque fueron percibidos como una amenaza comercial, política y religiosa por sus vecinos. Por ello, José y las personas a quienes llamó para que le ayudaran tuvieron que liderar muchas migraciones mormonas a zonas del país más amigables. A pesar de todo el sufrimiento que soportaron los primeros miembros de la Iglesia construyeron templos, hicieron la obra misional, construyeron ciudades prósperas y, algunos de ellos, sirvieron en el ejército de Estados Unidos al migrar hacia el oeste. Años antes de la muerte de José, el Señor le mandó que organizara el Quórum de los Doce Apóstoles y, con el tiempo, les confirió todas las llaves, los derechos y la autoridad necesarios para dirigir la Iglesia. Después de la muerte de José Smith, Brigham Young, que en ese momento era el apóstol de mayor antigüedad en la tierra, le sucedió como segundo profeta y presidente de la Iglesia. El profeta actual, Thomas S. Monson, es el sucesor autorizado de José Smith. Él y el resto de apóstoles de la Iglesia pueden seguir su línea de autoridad hasta Jesucristo en una cadena ininterrumpida de ordenaciones mediante José Smith.

Un esposo y padre devoto

Uno de los posteriores profetas de la Iglesia dijo a los miembros: “Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar”. Esta declaración se hizo más de un siglo después de la muerte de José Smith, pero José fue un ejemplo de ella durante toda su vida. Aunque José fue perseguido con frecuencia y, en ocasiones, fue encarcelado con acusaciones falsas, sus primeros pensamientos siempre eran para su familia. Él escribió a su esposa, Emma, mientras estaba encarcelado en Misuri,

José vivió la doctrina que predicaba: fortalecer a nuestras familias debería ser un punto central en nuestra vida. Cuando su vida estuvo en peligro, José confió en su fe en Jesucristo, no sólo para sostenerse a sí mismo, sino también a su esposa y a sus hijos.

Un mártir del Evangelio restaurado

En ocasiones creemos que morir por una causa es la muestra más pura de la devoción, pero vivir por algo suele exigir mucho más. José Smith hizo las dos cosas. Dedicó su vida al servicio a Dios y tuvo que sufrir el desprecio y la violencia por sus creencias. No murió en público con la condolencia del mundo. Una muchedumbre le disparó mientras se encontraba encerrado en una cárcel acusado falsamente.

Demostró su devoción a Dios en vida y en su muerte. De él se dijo lo siguiente: “Vivió grande y murió grande a los ojos de Dios y de su pueblo; y… ha sellado su misión y obras con su propia sangre” (Doctrina y Convenios 135:5).

Hizo la obra de Dios hasta el día en que le quitaron la vida y le honramos por su fe, su humildad y su devoción. Nos sentimos agradecidos por la Iglesia que ayudó a establecer, las Escrituras que tradujo, las revelaciones que recibió y lo que nos enseñó, que nos ayudan a entender los caminos de Dios.

La fidelidad con la que José Smith llevó a cabo su obra durante su corta vida nos inspira a cumplir con nuestras propias responsabilidades, sean grandes o pequeñas.