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El fortalecimiento
de la familia

La familia es la parte central del plan de Dios.

No sería demasiado afirmar que una persona que proviene de un hogar amoroso, que le brinda apoyo, tiene una gran ventaja en la vida. Muchas personas logran salir adelante, aunque provengan de situaciones familiares poco ideales, pero el tener cubiertas las necesidades básicas, contar con el amor de los padres y aprender las lecciones de la vida en el hogar, hace que los desafíos de la vida diaria sean mucho más fáciles de afrontar. De igual manera, como adulto uno desea un hogar feliz para su familia.

Esto no es casualidad. Dios nos organiza en familias para que podamos crecer en un ambiente de felicidad y seguridad, para que así podamos aprender a amar a los demás desinteresadamente; ésta es la clave de la verdadera felicidad. El mejor lugar para aprender a amar a los demás de la forma en que el Padre Celestial nos ama a cada uno de nosotros es en el seno familiar.

La Iglesia de Dios existe para ayudar a las familias a obtener bendiciones eternas. Creemos que la mayor bendición que Él nos da, es la capacidad para regresar a vivir con Él en el cielo junto con nuestras familias. Seguimos la voluntad del Padre Celestial porque ésta es la manera en que obtenemos esta bendición.

Todos formamos parte de la familia de Dios

Cuando en la Iglesia llamamos a uno de nuestros miembros “hermano” García o “hermana” Herrera, lo decimos con todo el sentido de la palabra. Creemos que todos nosotros, incluso los que no son miembros de la Iglesia, somos hijos e hijas literales de nuestro Padre Celestial (Hebreos 12:9) y por lo tanto, son nuestros hermanos celestiales. Antes de venir a la tierra recibimos el amor y las enseñanzas de nuestro Padre Celestial como integrantes de una familia eterna, por lo que compartimos un lazo de unión que trasciende a esta vida. Piense en ello, si realmente pensara en su vecino o compañero de trabajo como su hermano o hermana, ¿lo trataría diferente? De igual manera, el saber que su familia terrenal tiene una importancia eterna, le puede ayudar a tratarlos mejor también.

La familia está primero

Quizás no hayamos tenido la suerte de habernos criado en una familia feliz y segura con dos padres amorosos. Tal vez no, o quizás crecimos en circunstancias difíciles y sin el amor ni el apoyo que anhelábamos. De igual manera, como adulto uno desea un hogar feliz para su familia. No siempre es fácil vivir en paz en una familia, pero en la Iglesia restaurada de Dios, el matrimonio y la familia se consideran la unidad social más importante de esta vida y de la eternidad.

La gente que ha pasado por desastres naturales nunca ha dicho: “Todo lo que pensaba durante el terremoto era en mi cuenta de banco”. Por lo general siempre dicen: “Sólo podía pensar en mi esposa y en mis hijos”. No es necesario que ocurra una catástrofe para saber que eso es verdad. Sin embargo, muy seguido permitimos que el obtener dinero, buscar placer e incluso las necesidades de los demás distraigan la atención que damos a nuestra familia. En La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días ella está primero.

La clave para tener una familia feliz en la tierra

La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Esto abarca el no ser egoísta, ser honrado, leal, amoroso y un conjunto completo de otras virtudes, sin olvidar un gran esfuerzo. Una familia amorosa y feliz no se logra accidentalmente.

Al pensar en nuestra familia, pasamos tiempos felices y otros no tanto. ¿Cuáles fueron los momentos más felices? Lo más probable es que hayan sido cuando nos sentimos amados. Cuando nuestro padre lloró porque nosotros estábamos enfermos. Cuando vimos a nuestros padres reír y sonreír y pudimos ver cuánto se amaban el uno al otro. Cuando mi hermana me felicitó por hacer un gol o viceversa. Cuando rompí una ventana y mis padres me perdonaron en vez de gritarme. Cuando el automóvil se salió de la vía durante una tormenta y nuestra familia tuvo que caminar varios kilómetros para conseguir ayuda. Nos tomamos de las manos y cantamos para hacer que el tiempo pasara más rápido. Ayudamos también a sacar a otras personas de la nieve. Mi familia sufrió junto conmigo durante mi participación en la obra musical de la escuela, aún cuando yo sólo ayudaba con la escenografía. Si nuestra familia ha orado, cantado o asistido junta a la Iglesia, quizas podamos recrear esos momentos felices hoy con nuestra pareja y familia. Si no hubo mucho de esos mommentos felices en nuestra familia cuando éramos jóvenes, entonces tendríamos que hacer las cosas diferentes.

La familia nos prepara para la vida eterna

Piense en la función que tenemos o que tendremos en nuestra familia y toda la responsabilidad que va aparejada con cada una de ellas. Ser un padre, un cónyuge, un hermano, an los niños pequeños tienen mucho que hacer. El esfuerzo que hacemos para fortalecer a nuestra familia es la tarea más difícil y más significativa que haremos en la tierra. Conservar la paz en el hogar y colocar las necesidades de los demás en primer lugar, tiene un efecto purificador en nosotros y no es coincidencia que estas cosas resulten difíciles a veces. Dios quería que fuésemos probados para que pudiésemos crecer y dominar aptitudes que no aprenderíamos de ninguna otra forma; aptitudes tales como la paciencia y la generosidad que nos ayudarán a llegar a ser más como Dios y nos preparan para vivir con nuestra familia por la eternidad.

No debemos desanimarnos. Nuestro matrimonio y nuestra familia nunca serán perfectas, no importa cuánto nos afanemos por lograrlo. Pero si edificamos sobre los principios de Cristo, que abarcan la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y la diversión sana, el hogar puede ser un lugar de refugio, paz e inmensa felicidad.

Matrimonios efectuados en el cielo

La mayoría de las personas piensan que un matrimonio efectuado en el cielo ocurre muy rara vez, en el cual ambas partes están profundamente enamoradas y son altamente compatibles. A nosotros nos gusta pensar que todos nuestros matrimonios son perfectos. Cuando un hombre y una mujer entran en uno de nuestros santos templos para casarse, ellos hacen convenio (o prometen) que permanecerán juntos para siempre, tanto en la tierra como en el cielo después de morir si son fieles el uno al otro y a sus promesas a Dios. Un matrimonio en el templo no incluye frases como: “Hasta que la muerte los separe” o “mientras los dos vivan”. Si guardamos estas promesas, nuestros hijos también formarán parte de esta promesa celestial, estarán sellados a nosotros para siempre.