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La libertad de escoger

El albedrío es parte del plan de Dios

Imagine que va a comer a un restaurante y que pide que le traigan una ensalada, pero que el mozo le dice que no, que en su lugar usted tiene que tomar sopa. ¿Cómo se sentiría? La opción entre sopa y ensalada es una muy benévola, pero demuestra una característica de la naturaleza humana: no nos gusta que se nos obligue a tomar una decisión de la que somos capaces de tomarla por nosotros mismos. Nos resistimos a que se nos obligue. Aunque afrontamos decisiones más serias, algunas con consecuencias morales, es importante que elijamos por nosotros mismos. Dios nos dio el albedrío y siempre respetará nuestra libertad de tomar decisiones. Aunque seamos “responsables” de las decisiones que tomamos Doctrina y Convenios 101:78 y siempre habrán consecuencias por esas decisiones, tanto buenas como malas, Dios nunca ha aprobado el uso de la fuerza. De hecho, Dios fomenta el espíritu de libertad y Él sabe que el espíritu humano requiere de libertad para servirle y creer en Él en forma eficaz. Él le dijo a Adán y a Eva que no comieran del fruto prohibido, pero también les dijo: “No obstante, podrás escoger según tu voluntad” (Moisés 3:17).

Es importante que no pisoteemos la libertad de otras personas en búsqueda de nuestra libertad. Aunque sintamos que quizás nuestra manera de pensar sea para hacer el “bien” de alguna persona, es importante que todos tengan el derecho a tener su propia opinión y creencias.