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Buen ciudadano

Participar en su comunidad

Nuestra fe en Dios nos motiva a ser ciudadanos conscientes de nuestro país, provincia y ciudad. Si tenemos en mente una visión general, recordaremos que todos somos hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas literales. Al hacer nuestro mejor esfuerzo de ser buenos ciudadanos, estamos haciendo que el mundo que nos rodea sea un lugar más hermoso, pacífico y justo para nuestra familia y nuestros semejantes.

¿Cómo podemos ayudar en nuestra propia comunidad? ¿Qué podemos hacer para que nuestro país sea un lugar mejor? Ser un buen ciudadano puede ser tan simple como investigar temas políticos para que podamos ser votantes informados u organizar una liga de fútbol para que los niños de nuestro barrio tengan algo divertido y seguro que hacer después de la escuela, o tal vez deseamos hacernos cargo de un problema mayor que enfrenta nuestra ciudad o provincia, como encontrar maneras de reducir el crimen o mejorar la biblioteca local. De cualquier manera que elijamos mejorar el mundo a nuestro alrededor, podemos tener la confianza de que “cuando [nos hallamos] al servicio de [nuestros] semejantes, sólo [estamos] al servicio de [nuestro] Dios” (Mosíah 2:17).

Leales a nuestro país

Incluso después de que los gobiernos locales los habían expulsado de varios asentamientos, y el gobierno federal se negó a protegerlos, a los primeros mormones se les pidió que enviaran un batallón de soldados a luchar por su país en la guerra entre México y Estados Unidos, y así lo hicieron. El décimo segundo Artículo de Fe de la Iglesia dice: “Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley”. La devoción a nuestra fe no significa que no podamos dedicarnos a nuestro país también. Un ex presidente de la Iglesia, Joseph F. Smith, dijo que un buen mormón “tiene que ser un buen ciudadano del país donde haya nacido o en el que haya adoptado como su hogar… Un ciudadano del reino de Dios debe destacarse entre las mejores personas de Dios de todo el mundo”. Además de apoyar a los líderes del gobierno y participar en los asuntos públicos, la lealtad también implica que tratemos de hacer de nuestro país un lugar mejor. Nuestra fe en Dios y el amor por nuestros semejantes nos pueden inspirar a que ayudemos a corregir algunos de los problemas que enfrenta nuestro país.

Una participación significativa en su localidad

La mayoría de nosotros deseamos ser buenos ciudadanos, pero no siempre es fácil saber cómo. Es importante recordar que no tenemos que donar todo nuestro tiempo y energía para considerarnos buenos ciudadanos. Un par de horas aquí y allá, sin salir de su vecindario, pueden hacer una gran diferencia. ¿Qué pasaría con los deportes de ligas menores, si ningún padre se ofreciera como director técnico? ¿Qué amistades se perderían si nadie organizara fiestas en el vecindario? ¿Qué pasaría con los que necesitan, si nadie se ofreciera a ayudar en los albergues y comedores de beneficencia? Ser buenos ciudadanos empieza por casa, y en las pequeñas cosas que hacemos para que nuestra calle sea más linda tiene más impacto de lo que podríamos pensar. Todos tenemos algo valioso que aportar, sólo tenemos que averiguar lo que es y hacer que eso suceda.

Buenos ciudadanos de la tierra

Además de ser ciudadanos de una ciudad y un país, todos somos ciudadanos de la tierra. Dios creó el maravilloso mundo en el que vivimos, y tenemos la responsabilidad de respetarlo. Podemos mostrar nuestra gratitud por su asombrosa creación al estar conscientes de los recursos naturales que consumimos y trabajar para reducir el consumo, volverlos a utilizar y reciclarlos—Dios nos dio “dominio sobre todas las bestias del campo”, pero con ese dominio viene la expectativa de actuar con responsabilidad (Moisés 5:1). Se nos ha confiado cuidar de la tierra, no sólo porque es un don de Dios, sino porque nosotros dependemos de ella para el sustento. No muchos de nosotros cultivamos nuestros propios alimentos como la gente lo hacía antes de la revolución industrial, así que puede resultar fácil olvidarse la forma en la que dependemos de la tierra en la que vivimos (toda nuestra comida viene del supermercado, ¿verdad?). Haríamos bien en recordar de dónde viene el pan a partir de hoy. Para mostrar nuestra gratitud a Dios, tratamos de trabajar para preservar el uso sustentable de la belleza de la tierra y la abundancia para las generaciones venideras.

La rectitud dignifica a una nación

Si es un funcionario electo, un maestro de escuela pública o un votante promedio, la forma en que se ocupe de sus responsabilidades cívicas contribuye al crecimiento o al deterioro de su participación en el mundo. Un país, un estado o una comunidad es como una familia, inevitablemente imperfecto, pero tan bueno como las personas que lo componen. La integridad de un estado lo construyen las manos de sus ciudadanos. Sólo porque usted no pueda hacer que su país sea perfecto no significa que está exento de su responsabilidad. Si las personas con carácter no participan en las decisiones políticas que afectan la vida de ellos, otros con diseños más egoísta se apresurarán a llenar el vacío.


Pagar tributo al César y a Dios

Cuando uno de los fariseos le preguntó a Jesús qué pensaba acerca de dar un tributo de dinero al gobierno, Él dijo: “Dad… a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Tenemos una deuda con nuestro gobierno por las carreteras que utilizamos, las escuelas a las que nuestros niños asisten, las agencias que mantienen el orden y los demás servicios que éste ofrece. Tenemos una deuda con Dios por nuestra existencia y las oportunidades eternas. Pagamos estas dos deudas de maneras diferentes, y debemos cumplir con nuestros dos deudores a fin de ser dignos de las bendiciones que disfrutamos en esta vida y de las que se nos promete en la vida venidera.

Neutralidad política y sociabilidad

Aunque creemos en tomar una posición sobre cuestiones morales, como Iglesia nos mantenemos neutrales en los asuntos de los partidos políticos en todas las naciones en las que nuestra religión se ha establecido. Los líderes de la Iglesia no imponen el candidato por el que los mormones deben votar ni al que deben rechazar, aun cuando un candidato no esté de acuerdo con una posición que la Iglesia haya manifestado públicamente. Los miembros de la Iglesia tienen la libertad de alinearse con cualquier Neutralidad política partido u organización que elijan, de acuerdo con los dictados de su propia conciencia.

Más allá de eso, a los mormones se les insta a ser corteses en cuanto a los asuntos políticos. No siempre es fácil. Algunos temas son muy personales y tan controversiales que puede resultar difícil respetar el derecho de otras personas con una opinión diferente. Pero el Señor nos dice en el Libro de Mormón: “el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros” (3 Nefi 11:29).

Somos nuestros propios agentes

A veces, si un funcionario electo es miembro de una religión o alguna organización con creencias claramente establecidas, existe la preocupación entre algunas personas de que él o ella hará lo que la religión o la organización le mande. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sostiene la idea de que la iglesia y el estado son entidades separadas. Creemos que la autoridad religiosa no debe interferir en los asuntos políticos y que los funcionarios electos o públicos son absolutamente libres de desempeñar sus funciones. Si ha habido alguna conducta por parte de los mormones que vaya en contra de estos principios, ha sido en violación a los principios y la política de la Iglesia firmemente establecidos.

El Señor ha “concedido a los hijos de los hombres que sean sus propios agentes” (Doctrina y Convenios 104:17). Los funcionarios electos y los públicos que son mormones toman sus propias decisiones y es posible que no estén necesariamente de acuerdo con la posición que la Iglesia haya manifestado públicamente. La Iglesia les puede dar a conocer sus puntos de vista así como lo haría con cualquier otro funcionario electo, pero reconoce que estos hombres y mujeres deben tomar sus propias decisiones en base a su mejor criterio y en consideración a los distritos electorales que los eligieron para que los representen.