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Ayuda humanitaria

Por qué ayudamos

A la gente le gusta hablar sobre lo mucho que necesitan “encontrarse” a sí mismos. Normalmente, esto significa que se sienten infelices, que están desorientadas y que se concentran principalmente en ellas mismas. Resulta interesante que Cristo dijera que para encontrarnos debíamos perdernos: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio la salvará” ( Marcos 8:35). Perdernos en el servicio es una forma excelente de encontrarnos. Nos permite poner en práctica lo que Jesús hizo. Él nos enseñó que amar a Dios era el primer mandamiento y que amar al prójimo era el segundo. Demostramos nuestro amor por Dios sirviéndonos los unos a los otros. Y amamos a quienes servimos. El servicio nos aporta una felicidad que nunca conseguiremos con el interés personal. Sucede con cosas grandes y pequeñas, en público y en privado, con amigos y desconocidos.

Hasta las cosas pequeñas que hacemos, como ayudar a alguien en su jardín o abrirle la puerta a otra persona, pueden hacer que la vida resulte más fácil para los demás—y nos pueden hacer un poco más felices a nosotros. No resulta difícil encontrar oportunidades para compartir nuestro tiempo y energía. La belleza de seguir el ejemplo de Cristo es que no hace falta evaluar a quién, cuándo o cómo servimos, sólo tenemos que actuar. Lo podemos hacer de manera planificada o espontánea, por alguien conocido o por un extraño. El servicio cristiano evita el reconocimiento, no acepta recompensas y está motivado por el amor.