mormon.org Global

Una vida de aprendizaje

Adquirir conocimiento

¿Cuántas de las cosas que tenemos vienen con una garantía de por vida? Quizás un bonito juego de cuchillos, una mesa de cocina o un juego de herramientas, si somos afortunados. Ahora, ¿cuál de nuestras posesiones tiene una garantía eterna? José Smith enseñó que “cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección”. Esto significa que lo que aprendamos en esta vida permanecerá con nosotros y nos beneficiará aun después de la vida terrenal (Doctrina y Convenios 130:18). Dios espera que todos nosotros obtengamos la mayor cantidad de conocimiento que podamos, en la escuela, en el trabajo y por nuestra cuenta. El hacerlo nos ayudará a sortear los obstáculos que la vida nos presenta, a acercarnos más a Él y a prepararnos para la vida venidera.

La importancia de la instrucción secular y espiritual

Imaginemos lo desequilibrado que sería un músico que solamente estudiara un tipo de música. Nosotros maduramos y nos desarrollamos con más rapidez si mantenemos un equilibrio entre nuestro estudio espiritual con una rigurosa disciplina en los estudios y el trabajo, así como Jesucristo, ya que Él andaba por el mundo observando la naturaleza y aprendiendo el oficio de carpintero. Nos vendría bien seguir su ejemplo al “[crecer] en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

A los mormones se les insta a aprender sobre los aspectos seculares y los espirituales. Podríamos decir que el conocimiento secular tiene que ver con lo que se aprende en la escuela: matemáticas, ciencias, historia, literatura, idiomas, música, etc. El conocimiento espiritual es lo que se aprende mediante el estudio de las Escrituras, la oración y la asistencia a la Iglesia, cosas como el plan de felicidad de nuestro Padre Celestial, el evangelio de Jesucristo y la manera de cultivar la fe. Ambos tipos de conocimiento nos ayudan a salir de nuestros problemas al aplicarlos de manera equilibrada.

Venimos a la tierra de acuerdo con el plan de Dios, a fin de que aprendamos y experimentemos todas las maravillosas y complicadas cosas que el mundo tiene para enseñarnos, y tenemos que ser buenos alumnos para sacar el máximo provecho de nuestro tiempo en este lugar.

El conocimiento secular y el conocimiento espiritual se complementan el uno con el otro. Debido a que Dios creó la tierra y todo lo que hay en ella, al estudiar geología, física y biología aprendemos más en cuanto a la grandeza de nuestro Creador. Los escritores y poetas escriben con inspiración celestial, de modo que la lectura de sus obras nos da una perspectiva de la naturaleza de nuestra alma y del significado que tiene el ser humano. A veces, el escuchar una obra musical nos ayuda a sentir el amor de Dios. Tanto el conocimiento secular como el espiritual se benefician del diálogo. Ambos requieren observación, trabajo y práctica. Entonces, si bien a veces consideramos que lo secular y lo espiritual son cosas opuestas y aun hasta que se contradicen entre ellas, el verdadero conocimiento de Dios y del mundo que Él creó nos muestran que el entender uno nos ayuda a comprender el otro.

Educación y alfabetización

La habilidad para leer y escribir es fundamental a fin de entender las cosas de Dios y las cosas del mundo. Tenemos que saber lo que contienen las Escrituras y otros buenos libros ya que cuanto más sepamos progresaremos con más rapidez, tanto en lo temporal como en lo espiritual. Los centros de alfabetización son uno de los muchos servicios que ofrece La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y ésta también dona dinero a fin de fomentar otras iniciativas internacionales de alfabetización.

Una educación adecuada junto con la habilidad para leer nos ayudan a obtener conocimiento y sabiduría, lo cual nos permite discernir la verdad del error y tomar decisiones acertadas. La educación y la alfabetización también resultan clave en el desarrollo personal, la preparación para tener un empleo, el criar una familia fuerte, el servicio en la Iglesia y la capacidad para contribuir de forma significativa a la sociedad en la que vivimos. La habilidad para leer y la oportunidad de ir a la escuela nos ayudan a ser mejores ciudadanos, mejores integrantes de nuestra familia, mejores empleados y mejores hijos de Dios. El presidente Dieter F. Uchtdorf, miembro de la Primera Presidencia de la Iglesia dijo: “Tengan a bien motivar a su familia… a aprender y a obtener más estudios. Si no disponen de educación formal, no permitan que eso les impida adquirir todo el conocimiento posible. Bajo tales circunstancias, los mejores libros, en cierto sentido, pueden convertirse en su ‘universidad’, un salón de clases siempre abierto que admite a todos los que se presenten”. José Smith enseñó: “Es imposible que el hombre se salve en la ignorancia” (Doctrina y Convenios 131:6). Cumplir con nuestro deber de aprender lo más que podamos nos permitirá aportar al mundo que nos rodea y a prepararnos mejor para estar con nuestro Padre Celestial.

Fondo Perpetuo para la Educación

En 2001, el profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en ese entonces Gordon B. Hinckley, anunció una “audaz iniciativa” para ayudar a los jóvenes de los países en vías de desarrollo a obtener estudios académicos que ellos no podían costearse por su cuenta. El Fondo Perpetuo para la Educación (FPE) es un programa que permite que los miembros de la Iglesia que no cuentan con recursos económicos pidan préstamos para costearse su formación profesional u otros estudios superiores. Con esa ayuda, ellos pueden obtener mejores empleos para salir de la pobreza junto con su familia. Una vez que se establecen, devuelven el dinero del préstamo al mismo fondo a fin de que otros puedan utilizar el dinero de la misma manera. El presidente Hinckley dijo: “la educación es la clave de la oportunidad”. En los últimos nueve años, 40.000 hombres y mujeres de 40 países han tenido acceso a esa oportunidad. El programa se financia por medio de contribuciones hechas por miembros de la Iglesia y otras personas que apoyan su misión.

Saber más acerca del Fondo Perpetuo para la Educación

Seminarios e Institutos de Religión

Debido a nuestra creencia de que el aprendizaje espiritual se puede y se debe obtener junto con el secular, la Iglesia ha establecido seminarios e institutos de religión en 142 países de todo el mundo.

Seminario es un lugar al que los alumnos de escuela secundaria, tanto miembros de la Iglesia como otros, pueden asistir a clases de religión gratuitas que se ofrecen durante la semana. La mayoría de los alumnos tienen esas clases en las primeras horas de la mañana antes de las clases escolares. Los institutos de religión ofrecen programas similares a personas de entre 18 y 30 años, los cuales se toman al mismo tiempo que sus clases universitarias. En esas clases se cubren una amplia variedad de temas que incluyen las Escrituras, el matrimonio eterno, la preparación misional y muchos otros. El año pasado, más de 700.000 alumnos se inscribieron en seminario e instituto.

Hoy en día, los estudiantes tienen que esforzarse mucho a fin de cumplir con las normas académicas; sin embargo, muchos de ellos se dan cuenta de que el tomar una clase de seminario o de instituto en realidad les ayuda a lidiar con el estrés de sus tareas escolares. Creemos que si aplicamos la dimensión espiritual de la fe a los estudios, incluso de las cosas temporales, entonces podemos ampliar nuestra capacidad intelectual. “Y si vuestra mira está puesta únicamente en la [gloria de Dios], vuestro cuerpo entero será lleno de luz… y… [comprenderá] todas las cosas” (Doctrina y Convenios 88:67).